Decía así: “Menos Franco y más pan blanco.” El tipo debía ser un valiente y seguro que no era daltónico.
El pan de aquellos tiempos, estaba hecho de centeno, avena, castañas, maíz o dios sabe de que extrañas mezclas.
Había pan blanco, pero era para los jefes.Lo que antiguamente era la maquila, (la porción de lo molido que le correspondía al molinero), terminó por ser total para el estado, ya que era lo previsible en una autarquía.
Los que no tenían posibles, o si tuvieron, pero fueron esquilmados, por sus ideas republicanas, o simplemente por las envidias de cualquier “camisa azul”, a su situación boyante, solo podían malvivir con la “cartilla de racionamiento”.
Franco , la rescató de la hambruna de la primera y la segunda guerra europea y la instauró hasta 1.952. Con la salvedad de que los hombres podían acceder al 100% de los alimentos y las mujeres solo recibían el 60%, ¡que siempre hubo clases!
Aquello que no podía conseguirse, ya se sabía: “al estraperlo”. En los pueblos, funcionaba el trueque, cambiándose alguna gallina por harina, huevos por aceite, incluso algo de la matanza del cerdo, por los últimos pendientes de la abuela.
Y los desposeídos por sus ideas, tanto en casa como en las cárceles, engañaban su hambre con caldos sin sustancia y cualquier variedad de matojo que hubiese en el campo.
Aún recuerdo las noche en la mesa camilla, con el hule y el brasero de "picón" , limpiando las lentejas de bichitos y pidrecillas, que dejaban en la mitad, lo que te correspondía con el cupón de la cartilla de racionamiento.


La incultura y la inconsciencia que conlleva dan para esa tontería de decir que con Franco se vivía mejor. No tienen ni idea y los que la tienen es por pertenecer a esas familias que expoliaron todo lo que pudieron con su camisa azul.
ResponderEliminarUn abrazo.
Y la paradoja es que ahora, los dietistas y endocrinos te dirán que el pan blanco es el menos sano de todos. No viví el "análisis" al que se sometían las lentejas, ya que nací más tarde, pero sí puedo decir que la poca carne que se comía en casa era la de los conejos que cazaba nuestro padre. Eso sí, también sometidos a un masticar despacio, para ir sacando perdigones. Y también recordar con nostalgia que entonces la comida era escasa, pero el ritual de la mesa y el comedor, era una fiesta que setenta años después aún calienta el espíritu. Gracias, Juan.
ResponderEliminarSe me pone la carne de gallina de leerte y parece mentira.
ResponderEliminarNo sé si esos jovenzuelos que dicen que con Franco se vivía mejor, alcanzarán a entender tanta miseria, porque ellos han nacido en la abundancia y en la multitud de marcas de alimentos dónde elegir, pero es bueno que lean tú.caso con la Coca Cola.
Lo de las lentejas con bichos y chinos ha durado más tiempo que el del racionamiento porque yo me recuerdo en casa de mi abuela que después de la cena nos poníamos to Dios, a limpiar las lentejas del día siguiente. En fin...
Mucho me temo que los que los que opinan así, son los "cachorrillos" de aquellos franquistas de antaño.
Gracias por tu entrada, esto que cuentas debe saberse.
Un abrazo
Yo también recuerdo el brasero de picón y las veces que limpié las lentejas. Hay que decirlo, denunciarlo y tú lo haces muy bien . Un abrazo
ResponderEliminarMi madre comentaba que, en una "celebración", alguien había llevado un pan blanco para cada comensal. Fue una de las pocas sorpresas agradables que recordaba de aquella época.
ResponderEliminarLo de los bichos y las piedras en las lentejas también lo contaba.
Lo de la Coca Cola, recuerdo habérselo oído comentar a mi padre, pero no me cuadran las fechas, porque ya vivía yo. Nos dijo que en algún sitio le habían dado a probar la bebida esa de los americanos y que le había parecido una marranada dulzona.
Un abrazo.
No he vivido lo que cuentas, ni viví el derecho de pernada, ni añoro el pasado, el mío, porque creo que lo que se añora es la edad no lo disfrutado. Un abrazo
ResponderEliminarNo quiero, ni debo, olvidar mi historia, Me da miedo que el futuro me la recuerde.
EliminarUn abrazo.
El brasero de picón lo recuerdo perfectamente en casa de mi abuela, aunque era muy niña, y al piconero... pero son recuerdos muy fugaces, todo lo que cuentas, me lo relataron mis abuelos que tuvieron que criar a sus hijos, mis padres, en la posguerra.
ResponderEliminarAbrazos, querido Juan
Sin duda, Juan, que ese pasado fue... ¡Y pasó!
ResponderEliminarQue hoy esté el mundo algo revuelto, y este país algo confuso con "ultras sí", "ultras no", no significa que las cosas se vayan a repetir. Hoy es hoy. ¡Mañana otra historia... a realizar!
Abrazos, amigo. Y bienvenido a la tertulia.
Buen recordatorio.
ResponderEliminarLos que olvidan la historia están condenados a repetirla.
Saludos.