lunes, 14 de mayo de 2018

BUSCANDO UN NOMBRE




Por no sé qué extrañas razones, este poema que creía publicado en mi blog, ha desaparecido.
O los duendes del ordenador, me han hecho una mala jugada, que ella no merece, o por el contrario ha sido mi memoria-ya caduca- la que me ha hecho creer lo que no es.
De cualquier manera, nunca es repetirse, cuando el amor es el que escribe.




BUSCANDO UN NOMBRE


No supe cómo llamarte.

Busqué palabras esdrújulas en todos los diccionarios

y todas estaban faltas de latido.

Me hice minero en busca de una veta

que imitase en algo tu sonrisa

y salí con silicosis en el alma.


Les pregunté a los poetas,

pero todos andaban en sus propias soledades.


Le hablé al mar de tu presencia

y los mensajes de las botellas

solo traían promesas sin sentido.


El aire no supo decirme

como suenan los suspiros

que rezan los enamorados.


Le pregunté

a la ternura dormida que habita en las caricias

y no supo desentrañar

la exacta textura que modula tu piel.


Gasté noches, coleccioné auroras,

recorrí las intrincadas calles

donde las esquinas esconden abrazos.


Empujé a la inspiración

con golpes de alcohol y humo.


Indagué en las músicas

que ponen piel de temblores

con sus ignotos arpegios.


Hurgué en las paletas

manchando mis dedos con colores de ansias,

sin encontrar el pigmento

que diera sentido a tu retrato.



Perdido por los rincones del desanimo

sigo sin saber que nombre darle

a lo que significas en mi vida.



Tendré que volver a la palabra primigenia

que amaneció aquel día

cuando con nerviosa ignorancia

los labios y los pulsos aprendieron a temblar.



Te llamaré, tan solo: ¡Amor mío ¡




jueves, 10 de mayo de 2018

NOS HACE FALTA OTRO JOSÉ MENESE

Portada de Moreno Galván


NOS HACE FALTA OTRO JOSÉ MENESE

            Para Emilio Manuel, otro “disconforme”,
               con la certeza de que esto “le suena”.

                         
Hubo un tiempo en el que maldecíamos a los tiranos. Días tristes, llenos de historias de pájaros sin alas, de amaneceres color ceniza, de penas frías sepultadas en el pecho hasta la empuñadura.

Era un tiempo gris y con aristas, en el que cada pedazo de pan costaba ríos de sudor y cada libertad un bastante de sangre y sacrificio.

Tiempo de tapias manchadas de rojo, de cunetas sobradas de cardos y faltas de epitafios. Un tiempo negro de cipreses, amordazado y turbio, con la turbiedad avinagrada de una resaca de sal y calaveras.

Hasta las flores ofrecían su color y su perfume, con la mansedumbre del que nada espera y nada tiene y la luna se rompía en sangre cuando el día vomitaba madrugadas.

En este tiempo de que hablo, ni siquiera nos quedaban los poetas. Estaban amordazados, mudos, silenciosos  a falta de la preciada rima de la libertad.

A mediados de los años 60, cuando todavía las rejas estaban faltas de claveles y sobradas de puños, un hijo de zapatero y un poeta y pintor de Cazalla de la Sierra, dijeron, ¡basta ya! , enseñando al mundo la triste realidad de una España edificada con muros de cal viva y sangre.

José Menese con su cante poderoso y Francisco Moreno Galván con sus letras reivindicativas,  supieron alzar sentimientos y  voz flamenca, donde lo normal era el silencio.
El cantaor, sabiendo de lo que hablaba: a un tío suyo los nacionales se lo llevaron “de paseo”, por esa triste avenida de donde nunca se vuelve.

Ya habían dao las doce
cuando lo sacaron,
ya no son blancas las blancas paeres
donde lo mataron.

José Menese, un grande del flamenco,  fue el primero en llevar este cante al Olimpia de Paris y el que supo “revolucionar” las Aulas de las Universidades y los Colegios Mayores, gritando con “quejios” de dolor y rabia la triste realidad de un país sin futuro ni esperanza.

Los tiempos han cambiado, pero no tanto como creíamos.
Ahora tratan de quitarnos algunas cosas que creíamos inamovibles y hemos vuelto a un hambre cierta y subterránea que no pueden disimular ni las encuestas ni los anuncios coloristas de la tele.

Mi pare y mi hermano Diego,
zapateros como yo.
Y en casa de zapatero,
descalcitos andamos tós.

Las lindes del olivá
son anchas pa los Don Mucho
y estrechas pa los Don Ná.

¿No estaremos necesitando de nuevo que flamencos y cantautores, vuelvan a removernos las conciencias y empecemos a barbotar palabras de rabia y ansias de justicia?

Que la Virgen nos ampare,
que ahora cuidan el rebaño,
con los mismitos, mismitos collares,
los mismos perros de antaño.





martes, 8 de mayo de 2018

SONETO A TRACY EN EL DÍA DE SU CUMPLEAÑOS





No sé del devenir de las estrellas,
y menos preguntarle por sus años,
(ellas  no necesiten los engaños),
no saben de medidas, siguen bellas.

Te encargas que yo inicie con mi vuelo,
en el día que apenas ha nacido,
un viaje que me lleve hasta ese cielo
de alegrías, apenas presentido.

Amiga de las teclas, compañera
del sur, el bien decir y la sonrisa,
no sé dónde acaban los destinos

ni el perfume que mana de tu risa.
No pretendo abdicar de esta quimera,
siendo tu seguidor, Corre Caminos.







jueves, 3 de mayo de 2018

AL RABO DE TORO




Hacía tiempo que no escribía un soneto y siendo consecuente con mi entrada sobre la poética, me impuse esa tarea.

Este domingo pasado en un restaurante amigo, nos ofrecieron “Rabo de Toro” y debo decir que no le envidiaba su elaboración a la de los conocidos chefs cordobeses.

También me acordé de Pepe de “Desgranado Momentos” que publicó dos sonetos: uno sobre el Salmorejo y otro sobre los Flamenquines. En mi comentario le dije que faltaba el del Rabo de Toro.

Nada más lejos de mis pretensiones que comparar este “divertimento”, con los sonetos del buen poeta y gran escritor cordobés.

Espero que me sepa perdonar por mi injerencia. Lo que le falta de enjundia a lo que publico le sobra de respeto hacia la calidad literaria de todo lo que escribe.

Es una forma más de sumarme a las fiestas cordobesas de este mes.


AL RABO DE TORO

Te salvaste !oh rabo!, de la gloria
y llegas a este fogón ya desollado
dispuesto a convertirte en un bocado
que deje su sabor  en la memoria.


Cebolla, pimienta y sal y zanahoria,
pimiento rojo y laurel, bien cocinado,
con un poco de harina rebozado,
caldo y vino español. Esta es la historia


de tu enhiesto mástil de bravura,
que vino de la plaza a nuestro plato
desoyendo abanicos y claveles.


Abdicaste del calor y la tortura
y supiste cambiar todo el maltrato
por ser el triunfador en los manteles.