domingo, 19 de junio de 2022

LECCIONES SOBRE ESCRITURA


 

Aquél día, en la clase de literatura la “school mistress” habló de los microrrelatos.

Les dijo, que para escribirlos había que partir de una buena y sólida idea.

Mirando al pupitre de la izquierda, se extasió con la belleza de los ojos azules de Katherine, mientras sus deseos se enmarañaban en la locura de sus tirabuzones rubios.

Continuó diciendo que había que tener entretenido al lector haciéndole partícipe del relato.

Se enamoró de ella, desde que ambos se juntaron en las primeras clases del “college”, aunque siempre le faltó la necesaria valentía, para trasmitirle sus pensamientos y la ternura de sus deseos.

Otra particularidad del “micro” consistía en tratar de utilizar las menos palabras posibles.

De hoy no pasaba, a la salida de clase le haría participe de todos sus sentimientos y de todo el caudal de su amor guardado.

Y como colofón-siguió la profesora- ofrecerle el lector un final inesperado.

Lo tenía decidido, a partir de esta tarde, sería solo suya.

Lo pensaba mientras acariciaba con sus manos, el revolver que llevaba en la mochila.

 

 

 


jueves, 9 de junio de 2022

PESCADORES


 

Se citan cada mañana a la hora en los que los pájaros ensayan sus cantos, las gaviotas afilan en la arena sus picos, los peces se visten de plata y abre el bar de su primer “carajillo”.

No saben de estaciones, ni de reservas, ni de apreturas. Todos los días del año recogen sus cañas y sin reparar en trofeos, medidas o parabienes, se llegan hasta el cercano espigón, todavía fresco de espumas y salobre de brisas.

En el horizonte, en la línea de apartamentos, con sus variopintas banderas de rizos y colores,  los sueños empiezan a mojarse de sudores, las habitaciones se orean buscando corrientes cruzadas y se hace caso omiso a los despertadores.

Como flores sincopadas, a la salida del sol por donde suele, se abren al unísono las sombrillas y un rumor de sueños olvidados, se van desprendiendo de las tumbonas.

La caña del pescador, imperturbable, no osa en inmiscuirse en la sosegada conversación de los dos amigos, esa conversación que cada día viene a demostrar que, al igual que a los peces, no siempre los cebos les son apetecibles.

A media mañana, cuando al espigón empiezan a llegar visitas no programadas y se comienzan a justificar sus faltas de capturas a las voces de los niños, recogen sus bártulos y los cubos vacíos y cierran ese círculo maravilloso del día que empieza, con su azulona quietud de mar,  su sol que rompe nubes y abre horizontes, el constante beso de la brisa y la tranquilidad de saber que pese a todo, el mundo sigue a lo suyo y siempre quedan las mañanas para saber, que aunque los peces no piquen, la belleza está a nuestro lado, a poco que nos molestemos por encontrarla.

En el recién abierto “chiringuito” de la playa, se despiden, hasta el día siguiente, con otro “carajillo”.




viernes, 27 de mayo de 2022

ENTRE TECLAS Y FOLIOS


 

Menos mal que ahora no es necesario doblar y encarpetar el folio, cuando el poema parece terminado.

Ahora con “clicar”, (horrible palabra que la RAE, no ha tenido más remedio que aceptar), en “guardar en”, se envía al almacén, donde suelen olvidarse los deseos, se arremolinan los intentos vanos y pasado el tiempo, podemos comprobar que hubo días que no estuvimos acertados.

Todavía, hay veces que vuelvo a las andadas y hago el intento de ponerme enfrente de la hoja en blanco, que se muestra inmaculada y llena de pureza.

Y pasa lo de siempre, que cuando dudo y no encuentro la palabra necesaria, me cuesta corromper su albura con la infamia de un  trazo a destiempo, y me duele el abuso de un negro chafarrinón que ensucie el níveo candor de su textura.

Y reincido en la facilidad que habita en la derecha y que invita a “suprimir”, mientras envías con la negra oscuridad del teclado a ese pozo sin fondo, donde palabras inconexas seguro que algún día podrán formar un poema, que ya no admitirá la firma de ningún poeta.

De una manera u otra, hay que volver a intentarlo, bien con ideas repetidas, cogidas y “restauradas” de ese almacén del que antes hablaba, o bien uniendo amorosamente las palabras, tratando de no profanar los diccionarios y sobre todo, las ideas y la música que suele acompañarlas.

Cuando esto ocurre y la idea se plasma con la dignidad necesaria de un creador de nuevas vivencias, aunque se sea agnóstico, el que escribe se siente un poco dios.