miércoles, 22 de noviembre de 2017

IBA A COMPRAR EL PAN...



Comenzaré esta “entradilla”, como acostumbraba el fallecido escritor Francisco Umbral, en sus colaboraciones del “desdibujado” diario “El País”: “Iba a comprar el pan”




A eso me dirigía yo, aunque debo reconocer que además del básico alimento, llevaba en la nota alguna que otra necesaria vianda, que no solo de pan vive el hombre y yo soy muy considerado con las frases bíblicas.


Al llegar a la Plaza de Santa Clara, me encuentro con que dicho espacio ha sido ocupado, por una desnuda, estática y brillante tropa de maniquíes negras que a pesar de su quietud, ya han tenido tiempo de pasar por algunos de los muchos establecimiento de los que se disponen en esta capital.


Soy consciente de la  determinación con la que se empeñan en su cometido, que lejos de entristecerse por su desesperante quietud, vienen a demostrar con altivez, que la ciudad es suya.


Dos señoras que pasan a mi lado, comentan incrédulas el montaje de la plaza. Una de ellas, convencida totalmente de su argumentario, le dice a la otra:

.-Seguro que esto es un homenaje a los negros”.

Bendita candidez, que no sabe de días de la semana con el color que quieren darle aquellos que, bien adiestrados por el todopoderoso capital, nos enseñan a que compremos, aunque no nos sea necesario.

Mea culpa: a pesar de ser miércoles, no he podido resistirme a la tentación de una botella de vermut de Reus, que hacía tiempo que trataba de encontrar.

Ya lo dijo el poeta: “Equivocarse es humano y perdonar es divino”.

También soy muy considerado con los poetas.


lunes, 20 de noviembre de 2017

BONJOUR ALEGRÍA





Después de mi catálogo de penas de mi penúltima entrada, es justo y necesario que seáis conocedores de otras vivencias y sensaciones,  que  hacen que mi vida no sea tan oscura y doliente, como parecía en mi escrito.

Tengo la gran suerte de tener a mis hijas y a sus respectivos maridos muy cercanos a nosotros, siempre pendientes de todos nuestros deseos y tratando de hacernos la vida lo más agradable posible.

Como no tuve la 
suerte de poder conocer a ninguno de mis abuelos, y sabiendo ahora que lo soy, de lo que me hubiese gustado tenerlos, nos volcamos con nuestras nietas y a fe mía, que somos con creces correspondidos.

La mayor, Irene, con sus 22 años y ya graduada en Ingeniería Civil, haciendo en la Universidad Politécnica de Valencia, el preceptivo Master de dos años.

La pequeña, Macarena, que no le viene a la zaga y nos inunda  con sobresalientes en su 4º de E.S.O.

Viajera empedernida y con amplísimos conocimientos del inglés, está preparando su viaje a Canadá, para el próximo verano.

Ni que decir tiene, que cuando estoy con ellas se me olvidan los achaques y la vida me sonríe con sus risas.

Habréis observado que cuando hablo de ellas, utilizo el pronombre “nos”. Y es que no sabría aceptar mi vida, si no fuese porque siempre siento a mi lado el aliento, la caricia, la ayuda y el consuelo de mi compañera.

Nos consolamos, cuando los achaques menudean. Nos ayudamos compartiendo, como uno solo, la vida que nos toca vivir.

Reímos, siempre que la ocasión lo merece y muchas veces, hasta cuando nos debería inundar la tristeza.

Sin ella, seguro que la vida, mi vida, no tendría sentido y ese debería ser el motivo para no volver a estar triste. Al contrario le tengo que dar gracias a quien corresponda, por poder tenerla a mi lado.

Y luego está el mar. Con su sola presencia dejan de flaquear las rodillas y se engrasan todas las articulaciones.

Y los ojos y el alma se llenan de luz, apartando a las sombras que el almanaque se empeña en recordar.

Mirar, sino, la fotografía que orla este escrito. Está tomada ayer mientras tomábamos el aperitivo.

Tendré que abdicar de la poesía, si es la que me obliga a regodearme en la tristeza.





viernes, 17 de noviembre de 2017

MI ENTRADA DE HOY



Mi entrada de hoy, la habéis dictado alguno de vosotros.

Os he leído en vuestra colaboración de los jueves de esta pasada semana y vuestros comentarios a mi poema titulado “Mis días”, y ambas lecturas me han dado la pauta para lo que quiero escribir.

La mayoría de vosotros, habéis detectado en el poema y así me lo habéis hecho saber, una cierta nostalgia, tristeza, depresión o desaliento.

Lo cual me ha hecho pensar y mirar con los ojos hacia adentro, el porqué de esa sensación que se trasmite en algunos de mis poemas.

Podría escudarme en esa “retórica poética”  que indica la amiga Tracy en su comentario, pero asomándome al interior, veo que son sentimientos reales que pugnan por salir y que seguramente encuentran su cauce necesario en el poema.

Y llego a la conclusión de que es triste comprobar cómo, mientras la mente sigue despierta, el cuerpo se refocila en un desesperante sopor, que niega toda posibilidad de revivir aquello que era natural y necesario.

Y es humano y lógico este desasosiego, son ya casi 82 largos años, en los que en verdad, me olvide de entrenar el cuerpo, (no eran tiempo de gimnasios ni personal trainers), atareado como estaba, en la diaria lucha de subsistir.

Si a eso le sumo, que viví deprisa, que nunca me gustó pisar el freno, que tuve que pelear mucho, para poder afrontar dignamente mi vida y la de los míos, que siempre anduve buscando gigantes donde solo había molinos, entenderéis que lo que siempre fue relámpago, ahora no llega siquiera a frágil resplandor.

Cuando cada día sufro con algo tan poco poético, como es el poder ponerme los calcetines, cuando me impongo cada día el ir a hacer la compra y así poder mover las piernas y tengo que procurar que la bolsa que trasiego pese lo menos posible, para evitar los dolores de la espalda, cuando ya he desistido del coche porque soy consciente de mi falta de reflejos, cuando me obligo, nos obligamos, a salir a dar un paseo y volvemos derrengados, cuando ya no pensamos en el siguiente viaje porque nos da miedo, cuando el ibuprofeno es mi habitual compañero, cuando la certeza del dolor te rompe la cintura, cuando todo esto pasa, por muchas difíciles y bellas metáforas que te nazcan, la tristeza no tiene más remedio que dejar su poso.

Y lo peor de todo: cuando se acaba de heñir con cuidado la masa del verso y solo falta, esa palabra, conocida, redonda, casi definitiva que guardabas con mimo en la jaula de las palabras necesarias, la puta edad le ha abierto la puerta y se vine abajo todo el cuidado tinglado del poema.

Pero no temáis, vosotros, los pocos amigos que me vais quedando sois mi apoyatura.

 Javier Rodríguez Albuquerque no solo me enseña cada lunes algo nuevo que suelo desconocer, sino que además me permite acompañarle a un viaje colorista y humano a Grecia y Perú. Gracias por la invitación.

María Perlada, me enseña, con palabras para algunos desconocidas y no bien entendidas, que el amor y el deseo, no tiene edad.

Rafa Hernández, un novísimo, me ha permitido acompañarle a un viaje relámpago pero bien aprovechado a EEUU.

Valaf, recordándome siempre, algo que no necesita recordatorio: el amor a la esposa, (llevo 56 años ejercitándolo), y el amor a esta tierra donde vivo.

Neogéminis, artista de la palabra y de la fotografía que cada año viene a recordarnos, que a pesar de los olvidos y las distancias, todos los años nos reunimos en el abrazo ecuménico que ella permite. Otra vez, gracias.

Tracy, la que siempre está ahí olfateando estados de ánimo y sensaciones. La que siempre sabe sonreír, aunque vengan maldadas, la que nos lleva de la mano, para enseñarnos todo aquello interesante que encuentra a su paso, la vitalista empedernida, la que sabe sacarle todo el partido a la vida y su solo propósito es hacer amigos.

Ester, la que también se pone delante de la vida y sus problemas, dando saltiblincos de alegría. Veterana también en este difícil ejercicio de enseñar y sonreír.

Y Emilio Manuel, al que tengo como un viejo luchador que no acaba de abandonar las trincheras. El que, con sus escritos, nos enseña, con veterana clarividencia, a desmenuzar la condición humana y la hipocresía de la política.
Ya quisiera yo, tener su empuje, como para pasear por los senderos de su Granada, rendir pleitesía a los desconocidos paisajes y las gentes de esa bella tierra.


Termino que esto se hace largo y no quiero empezar a “chochear”. No os preocupéis por mí, mientras pueda seguiré con vosotros.

Solo un ruego: quedaros solo con los 7 últimos versos del poema “Mi Voz” y si alguna vez la nostalgia y la tristeza asoman, perdonar a este pobre “juntador de palabras”.







miércoles, 15 de noviembre de 2017

MIS DÍAS



Mis días,
con su lejano sabor a vida,
ya no necesitan ni de despertador, ni almanaque.

Mis días,
a veces interminables y plenos de ausencias,
me saben a ceniza y cuartillas emborronadas.

Mis días,
son como una caracola solitaria, vacía y gastada
que solo resuena cuando la brisa y el mar lo ordenan.

Hay días que me ovillo
al trascacho umbrío del recuerdo
y me nacen lágrimas con el sabor amargo del olvido.

Solamente las sonrisas,
la compañía de un libro
el amor que me llega de gente desconocida,
 recordados retazos de música
y la caricia de la mujer que amo,
le dan algún sentido

 a las horas y los sueños.




miércoles, 8 de noviembre de 2017

HAIKUS PARA LA LLUVIA






Charcos de lluvia
el neón es el suplente
del sol que falta.

Ahora que llueve
se mojan de tristeza
los ventanales.

En las aceras
muestran su sinsentido
los veladores

Juega la lluvia
esquivando paraguas
y besos nuevos.

Si tiritara
el rocío sería
en vez de lluvia.

Esto es un sueño
 la lluvia mancha el cristal
de mis deseos.

¿Porque se niegan
los dioses de la lluvia
a darnos vida?