… y el hidalgo enloqueció de luz, escucho el recado de la brisa y los gigantes volvieron a ser molinos.

sábado, 18 de octubre de 2014

TE PREGUNTO A TI


Diseño del autor


TE PREGUNTO A TI

Te pregunto a ti,
hermano de la voz y el sentimiento:
¿arde dentro de tu corazón
la llama que puede alumbrar
la lúgubre quietud que nos rodea?


¿Te queda algún latido
de aquel niño que soñaba
con hacer escaleras con estrellas?


¿Estás por encima de los cálculos y las prisas?
¿Te queda tiempo que gastar
para iniciar la aventura de los sueños?


Si dices ¡sí!,
enciende la antorcha de tu rabia
y alumbra este mundo que agoniza.




domingo, 12 de octubre de 2014

HAIKUS PARA UN AMOR OTOÑAL




Si no existieras
con pétalos de luces
te crearía


Son tus caricias
girar de golondrinas
en la mañana


Llaman tus besos
con campanas azules
y alas de ángeles


Aun en otoño
un amor que florece
es nuestra historia



miércoles, 8 de octubre de 2014

CONVOCATORIA DE LOS JUEVES.- LA ENCRUCIJADA




PENÚLTIMA ENCRUCIJADA

Ya va quedando menos
para que este otoñal camino
me lleve hasta el destino del silencio.

Pero sigo rebuscando palabras,
agavillando versos,
poniéndole alas a los sueños,
endulzando el acíbar
de los tristes días que nacen a trasmano.

Le niego su don a esa tristeza
que se empeña en ser venero de mi pluma.
Me empiezan a doler las manos
de tanto temblor
y tanto sarmiento retorcido.

Menos mal que aún me salva
el suave tacto de la espuma,
la piel de la persona amada,
la caliente complicidad del abrazo amigo.
el manantial de risas cantarinas,
que suenan con compases de mi sangre


Ya va quedando menos
para el caminar que me resta.

En esta penúltima encrucijada,
 solo quiero morir de sol,
tiritar de estrellas,
encaramarme a los flecos de la luna
y salir al encuentro de ese mar
que abierto de par en par,
me ofrece su tersura de sosiego
y su rotundo horizonte de esperanza.


Mas encrucijadas en el blogg de PEPE







domingo, 5 de octubre de 2014

HAY POEMAS...


Foto del autor.


HAY POEMAS…

Hay poemas que tardan eternidades  en edificarse,
Que cambian con el tiempo,
Como si la musa se ofreciese casquivana, belicosa,
o simplemente veleta de los vientos.

Hay veces que los versos
parecen tener sabor de fruta
y al día siguiente,
las palabras aparecen sin orillas
 acabando por no saber su singladura.

Y mientras el poeta,
perdido en la noche,
al borde de ese precipicio 
al que llaman inspiración,
ve cómo pasan las horas,
entre tachaduras y sorbos,
sin encontrar la palabra
que con su vértice de fuego
deslumbre  madrugadas.

Cuando esto me pasa,   
y acabo por sentirme
extraño pájaro sin sueño,
acabo como siempre:
aferrándome a la segura
metáfora de tu cuerpo.




domingo, 28 de septiembre de 2014

EL TÍLBURI DEL ABUELO



Foto del autor


En la amplia nave de la finca familiar que hacía las veces de garaje, junto a los viejos modelos de automóviles, con un desordenado batiburrillo de vejez y polvo, convivían coches antiguos, motocicletas, viejos tractores, cosechadoras, maquinaria diversa y toda clase de cachivaches camperos.

Aquel era el punto de reunión durante la siesta, de los tres nietos del dueño de aquel enorme cortijo andaluz.

Mientras sus padres veraneaban en Biarritz, San Sebastián o Santander, ellos campaban a sus anchas en la finca de los abuelos, bajo la cómoda vigilancia de la familia del mayoral de la ganadería, ya que la abuela no solía salir de su casa de Sevilla y el abuelo, a pesar de su edad, seguía preocupándose del negocio, sin saber de descansos, porque como él mismo decía, ni los toros, ni las cosechas, ni los bancos, ni las labores necesarias del campo, sabían de vacaciones.

Los tres nietos, jugaban dentro de la nave y cada uno se había hecho dueño de alguno de los enseres allí abandonados.

El mayor, Ignacio, haciendo valer la autoridad de su mayor edad, había elegido un enorme coche Hispano Suiza, al que había quitado la lona polvorienta que lo cubría, había limpiado de la mejor manera posible y cada tarde soñaba con viajes interminables y gestas automovilísticas en los mejores circuitos del mundo.

El segundo Pablo, tuvo que conformarse con una moto con side- car, medio desvencijada, pero que él supo domeñar, llegando incluso a ponerla en marcha, tras muchas tardes de dedicación y tímidas broncas de la guardesa, al verlo llegar sucio de grasa y polvo.


·                      *             *           *           *              *               *


Mucho tiempo después, a la sombra de la catedral de Sevilla, Sebastián recordaba aquellos veranos infantiles, donde todo era posible y nada se les podía denegar.

Con una sonrisa triste recordó, que ninguno de los tres hermanos, se interesó nunca por el tractor o la cosechadora: eso no era para ellos, eso significaba trabajo y para eso no habían sido educados.

La tenue sonrisa se le borró de la cara, cuando vino a su mente la muerte de su hermano Ignacio, en un accidente de automóvil, después de una larga noche de vino y juerga.

De Pablo solo sabía que tras vender alguna de las pocas pertenecías familiares que restaban (incluida la moto con side-car, ya una reliquia), había conseguido un pasaporte y había iniciado un viaje en barco, ignorando cual terminaría por ser su destino.

Todo se vino, estrepitosamente abajo. Desde que el abuelo faltó, nadie fue capaz de asumir la responsabilidad de mantener a la familia. Si los padres no sabían, es lógico pensar que tampoco podrían enseñarlo a sus hijos.

Él, el más pequeño, recordaba a la sombra de la catedral la vida pasada, mientras esperaba que algún turista lo reclamara para darle una vuelta por Sevilla en el viejo tílburi del abuelo.









domingo, 21 de septiembre de 2014

A MAR Y SURCO.




A MAR Y SURCO

Cuando el mar es tu vecino,
hay que estar atento a los naufragios,
hay que saber conjugar los vaticinios de los vientos
y descifrar el monocorde lenguaje de  las gaviotas.

Yo, que vengo de la parda y reseca historia
de una tierra parca de azules,
vibrante de cigarras insoladas,
una tierra que deshace sus terrones
a golpe de sudor y soledades,
tuve que acostumbrarme
a leer en el mar de cada día
una nueva lección de vida y de latidos.

Volver a encontrar palabras
para renombrar
el ambulante relato de las olas
Y acostumbrar mis ojos
a ese despertar de sueños
ahíto de nuevas claridades.

Este mar me enseñó,
(en su encerado de azules)
que lo  de los panes y los peces,
solo se consigue si uno se olvida
de que son posibles los milagros.

Me enseñó,
que no existen cerraduras,
para esa quietud lejana
que cada atardecer sedimenta,
en quien sabe delinear los horizontes      .

Entre el molino y el faro,
me quedo con la luz que nos arropa y nos dirige.
 Y con las piruetas del aire,
que hacen posible esa alegre rebeldía blanca
de aspas que molturan ilusiones.

Añoro sirenas en los “majuelos”
y pámpanos y racimos
en las crestas de las olas,

Dejadme que en esta noche de verano,
cuando los torsos y los sentimientos se desnudan,
le de las gracias a los exilios,
que hacen posible que las risas,
como enredaderas verdes,
den fe de vida
 aferrándosea los muros de los viejos caserones.




jueves, 18 de septiembre de 2014

CRÓNICA DE UN CORTE VIAJE.- ARCOS DE LA FRONTERA Y FINAL.


Fotos del autor.


El viaje se acaba y hay que cerrarlo a cal y encanto. Encanto de esos pueblos que ya de antemano enseñan su belleza con la sonoridad poética de sus nombres: Medina Sidonia, Grazalema, Zahara de los Atunes, Barbate (recomendación gastronómica: visitad en este pueblo el Restaurante “El Campero”, ningún otro atún os volverá a saber igual) y ese prodigio hecho blancura que es Arcos de la Frontera, situado en el centro geográfico de la provincia de Cádiz, separando el verdor de vides de los campos jerezanos y la serranía de Grazalema, donde se ubica, como un resplandeciente diamante blanco y cegador, sobre un anillo de rocas. A sus pies el rio Guadalete, duda entre seguir su curso o remansarse para observar la belleza del paisaje.

Uno se queda sin palabras ante tanta belleza y transitando sus empinadas calles que serpentean blancas en pos del azul del cielo, busca la voz de los poetas, mientras se conforma en guardar en instantes irrepetibles, las fotos que aviven el recuerdo.


J.M. Caballero Bonald dice:


                    El blanco
                    Concierne al aire libre, al vuelo
                    De las aves, al trazo inaugural
                    De la imaginación, al semen.


Alberti:


                    El blanco a lo más blanco desafía
                    Se asesinan de cal los carmesíes
                     Y el pelo rubio de la luz es  cano.



Y Carlos  Murciano, poeta nacido en Arcos:


                   <<…. Cerca fluye
                   El rio de la vida de este pueblo,
                   Como un cuchillo trágico de cal,
                   Mejor, como un silencio blanco y duro
                   En mitad de la sierra…>>

                  <<…. Todo tiene
                  La sencillez hermosa del milagro,
                  Bajo la luz total del mediodía. >>


Las  guías turísticas de la ciudad, anuncian en sus portadas: Arcos de la Frontera, entre la realidad y el sueño, y la verdad uno no sabe a carta quedarse.

Las sombras juegan a sacarle nuevas perspectivas a las flores, el blanco le pone contrapunto a la patina parda que la historia le ha puesto a sus piedras milenarias y en la Plaza del Cabildo uno se recuesta en un pretil de siglos, para cortar el ansia de hacerse águila y lanzarse al paisaje que se divisa a los pies.

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Hay quien organiza sus viajes y los programa previamente sabiendo de antemano sus visitas, conociendo las rutas, releyendo guías, consultando buscadores, empapándose con meses de antelación de lo que va a conocer.

Yo prefiero toparme con la realidad, sentir primeras sensaciones, meterme en el agua de una vez, sin haberme mojado el pié para saber la temperatura.

Crucé Despeñaperros subido en un moderno ejemplar de una conocida marca automovilista, pero iba por esos senderos arrebatados a la naturaleza, con la virginidad primigenia de los viejos visitantes de otros siglos.

Nadie ha podido influir en mis sensaciones. Seguramente de aquella manera podría haber visitado mas cosas, aunque el tiempo era escaso, pero lo que he visto me ha llenado lo suficiente, como para estar deseando volver.

No sé si será posible, (el tiempo apremia y las articulaciones se resisten), pero al menos podré cerrar los ojos y me alegraré en las calles de estos pueblos gaditanos, me iluminaré con sus aguas y sus paredes encaladas, oleré el salobre azul de sus marismas, me sanaré el espíritu con el reconfortante vigor de sus vinos, me reiré con sus canciones que hieren pero no matan, y cuando la tristeza del cercano otoño, ponga tristes hojas  bajo mis pies cansados, echaré a volar el pensamiento para que me lleve hasta esa bahía gaditana, donde hasta los otoños tienen color de primavera.