miércoles, 7 de diciembre de 2011

TODOS A UNA



Cuando, entre los nerviosos murmullos, sobresalió la apremiante voz del líder, ordenando un belicoso y taimado: ¡“Todos a una”!, dejó de escuchar las aguerridas fanfarrias y se dio media vuelta.

Odiaba las aglomeraciones. Sobre todo, las tramposas y mal intencionadas.

Además hacía tiempo que había dejado de confiar en los que mandaban. Siempre eran los ganadores. Siempre, entre la sangre y la suciedad de la batalla, terminaban impolutos y con más oro en sus medallas.




3 comentarios:

  1. Juan, así son la mayoría de los líderes políticos y no políticos, cuando hay jaleo se sacuden el polvo como si la Cosa no fuese con ellos, yo creo que piensan –total yo ya tengo las espaldas cubiertas.

    Un abrazo

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  2. Usando una imágen increible de Leónidas, has detallado como a pesar del tiempo aún y de otras formas se continúa en la batalla.
    Exelente como siempre mi querido Juan, te mando un abrazo.

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  3. y bien peinados...no se si te has fijado que nunca se despeinan...muy buenas palabras juan.

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