UNA
BARCA
Yo
que vengo de tierras pardas y resecas,
aprendí
a abrir las carreteras
y
contando leyendas a los vientos,
me
instalé en este sol
que
es el pan mío de cada día.
Y
luego el milagro del mar.
Esa
paradoja del regreso eterno,
esa
trascendencia encontrada,
ese
baile de gaviotas
que
hace que olvide los vencejos,
ese
corolario de espumas
regalando
frescura en puntos suspensivos.
Al
lado de este mar, andando por la playa,
la
brisa se llena de ausencias,
mientras
una barca con mi nombre
sigue
sorteando laberintos.
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