Hojeando viejas entradas, me encuentro con esta, publicada en el 2014, que me retrata y parece que no ha perdido actualidad.
Perdón por la osadía.
Hoy, 12 de enero del recién estrenado año 2.014, cumplo 78 años. Si miro hacia atrás lo vivido, aparte del considerable tiempo que ha transcurrido desde mi nacimiento a hoy, debo decir que, a pesar de los sueños incumplidos y los deseos abortados, estos 78 años han merecido la pena. Vengo de los rincones sombríos de una vida en gris y plomo, hasta la actual claridad de una libertad, no siempre bien aprovechada. Vengo desde la cartilla de racionamiento a las hamburguesas XXL, sin haber sucumbido al hambre en cupones que repartía aquella, ni a la grosera y grasienta realidad de estas. Vengo desde "gravemente peligrosa y "para mayores con reparos" a este constante, libertario y a veces pesado bombardeo de sexo que hay que ir sorteando pantalla a pantalla. Vengo del agua atemperada en barreño al sol en medio del patio, a la ducha sin necesidad de estar enfermo, el hidromasaje y el "spa", después de haber pasado por la palangana con agua calentada en un hornillo de gas. Vengo de más allá del jabón Lagarto. Vengo del jabón hecho con alpechín y sosa cáustica en un lebrillo de barro, al gel tónico, exfoliante e hidratante, fabricado con limones salvajes del Caribe. Vengo del pseudo pan milimetrado por el precio y la carencia, a los colines dietéticos de la abundancia, aunque me temo que si siguen los recortes, no tendré más remedio que volver a las andadas. Vengo de: ¿cuánta demora tiene esta conferencia, señorita?, al WhatsApp instantáneo, parco de letras y sobrado de imágenes. Vengo de una cultura deformada y contrahecha por oscuros designios de dictadores y “meapilas”, temerosos de un pueblo informado y culto, hasta esta eclosión de sabiduría e información al alcance de cualquiera. Vengo del silencio temeroso, impregnado de miedo, de un terrible país que tenía que esconder la cabeza bajo el ala, avasallado por aquellos que no supieron digerir su victoria, a este de hoy donde existe tanto ruido que a veces es difícil escuchar lo importante y donde, desgraciadamente, empiezan a colear alevines de aquellos “peces gordos” que ya tenía olvidados.
Pero no puedo quejarme, mi vida ha terminado por
desembarcar en este mar de ahora mismo, silente y
azul, que aclara, con su reflejo de cielo y su blancura
de espuma, las negras tinieblas de los años que me
fueron robados y que me pesan en el alma.
Debo aprovechar lo que me queda, para resarcirme de
lo que no me dejaron vivir. Es el consejo que me doy y
os comparto: hay que aprovechar dignamente la
libertad, no sea que a la vuelta de cualquier
"iluminado", o de cualquier fondo de inversiones, nos
vuelvan a robar las ilusiones y nos corten las alas para poder volar en busca de la felicidad.
