sábado, 14 de febrero de 2026

POR SAN VALENTIN

Permitidme que siga amparándome en los recuerdos...


Compañera del alma:

 Creo recordar que hace más de sesenta años que no te escribo una carta.  Unos deberes para la patria, que nunca entendí, fueron los motivos de una larga separación de dos años, que traté de llenar con incendiarias y temblorosas palabras, escritas en largos y  suplicantes envíos, ansiosos de tus rápidas contestaciones.

Ha pasado mucho tiempo y no hubo necesidad de más palabras escritas. Solo algún poema, cuando la musa de siempre, se calzaba tus zapatos y con pisadas de luces paseaba por mi  verso.

Observarás en mi encabezamiento, que han desaparecido los fogosos y egoístas adjetivos que en mis ardientes misivas, acompañaban a tu nombre.

Entonces todo era deseo y posesión, presente insatisfecho y palabras bañadas de miel que escondían noches preñadas de sudores y madrugadas con el mal sabor de boca de lo ni siquiera iniciado.

Ahora hay más sosiego en mis palabras. A los circuitos de las ansias, la edad le ha puesto inmisericordes relés, que modifican las sensaciones y acompasan los tiempos y eres ahora mas yo, mas cuerpo mío.

Por eso solo después de tu nombre pongo “del alma”. Alma que no sé si existe, pero  que doy por hecho, que de existir, la mía la has modelado tú.

No en vano, con el paso de los años, has sabido diseñar la cabal arquitectura de todos mis sentidos.

Y es que, aunque la piel ya lleve escritas mil caricias, aunque los latidos suenen con otra música de entrega más calmada, pero más plena de certidumbres, aunque los besos terminen por ser solo oraciones a ese dios del amor que representas, aunque nuestros corazones hayan recorrido largas distancias, sabiendo siempre curar las rozaduras de los aprietos de la vida, aunque las rosas rojas de los 14 de Febrero, hayan terminado por secarse, aunque hayan palidecido los almanaques, aunque ocurra todo eso, todavía hay una plenitud de escalofríos, cuando digo tu nombre y lo acaricio.

Hubo un tiempo en el que recitaba las letras que te nombran, mientras contaba estrellas en el cielo. Hasta que comprendí que costaba menos tiempo llegar hasta tus labios, alumbrándome con las luces de tus ojos.

Llegamos juntos desde tierra dentro al mar, este mar que nos acuna y que todo lo sabe y fue a vuestro lado cuando aprendí de sortilegios.

Aprendimos a mirar juntos esa línea del horizonte que nos separa de otros mares y otras vidas que seguro merecen ser vividas y añoradas.

Aprendimos a rebujarnos en los colores de ardientes madrugadas llegadas del nacimiento de la vida y la esperanza.

Aprendimos que el sol y la luna se sirven del mar para poder acariciar con otras manos.

Y empezamos a poner sosiego a los latidos, a poner remite a nuestros besos, con los nombres de nuestras hijas y nuestras nietas. A multiplicar por cuatro, nuestros desvelos y nuestros sueños.

Siempre cogidos de la mano. Siempre acompasando le ritmo de nuestros corazones. Siempre con tu sonrisa ante la vida, con la proa de tu verdad a mar abierto, siempre buscando la ceñida al viento que te acercaba al cabo de la esperanza. Timonel y grumete del feliz galeón de mi existencia.

Seguramente, esta será mi última carta, pero deja que escriba un TE QUIERO con mayúsculas, para que se tiñan de rojo todas las hojas del calendario, para que el agua se haga música en las fuentes y se organice un baile de estatuas en cada plazoleta, para que una bandada de gaviotas te traiga desde el mar una guirnalda de espuma con tu nombre.

Podía darte en mano esta carta, pero he preferido ponerla en el buzón, para que se avergüencen las consignas de los políticos, para que pierdan dividendos las propagandas de los bancos, para que se achiquen los grandes almacenes.

No te digo adiós, compañera del alma. Te digo, hasta ahora.

Los besos nerviosos que pintábamos en nuestras cartas juveniles, con círculos y cruces de colores, van a ser realidad vibrante, tan pronto como ponga punto final con mi firma, a esta carta.

                                                                               Juan.

lunes, 2 de febrero de 2026

RECORDANDO


 

Hojeando viejas entradas, me encuentro con esta, publicada en el 2014, que me retrata y parece que no ha perdido actualidad.

Perdón por la osadía.



Hoy, 12 de enero del recién estrenado año 2.014, cumplo 78 años.  Si miro hacia atrás lo vivido, aparte del considerable tiempo que ha transcurrido desde mi nacimiento a hoy, debo decir  que, a pesar de los sueños incumplidos y los deseos abortados, estos 78 años han merecido la pena. Vengo de los rincones sombríos de una vida en gris y plomo, hasta la actual claridad de una libertad, no siempre bien aprovechada. Vengo desde la cartilla de racionamiento a las hamburguesas XXL, sin haber sucumbido al hambre en cupones que repartía aquella, ni a la grosera y grasienta realidad de estas. Vengo desde "gravemente peligrosa y "para mayores con reparos" a este constante, libertario y a veces pesado bombardeo de sexo que hay que ir sorteando pantalla a pantalla. Vengo del agua atemperada en barreño al sol en medio del patio, a la ducha sin necesidad de estar enfermo, el hidromasaje y el "spa", después de haber pasado por la palangana con agua calentada en un hornillo de gas. Vengo de más allá del jabón Lagarto. Vengo del jabón hecho con alpechín y sosa cáustica en un lebrillo de barro, al gel tónico, exfoliante e hidratante, fabricado con limones salvajes del Caribe. Vengo del pseudo pan milimetrado por el precio y la carencia, a los colines dietéticos de la abundancia, aunque me temo que si siguen los recortes, no tendré más remedio que volver a las andadas. Vengo de: ¿cuánta demora tiene esta conferencia, señorita?, al WhatsApp instantáneo, parco de letras y sobrado de imágenes. Vengo de una cultura deformada y contrahecha por oscuros designios de dictadores y “meapilas”, temerosos de un pueblo informado y culto, hasta esta eclosión de sabiduría e información al alcance de cualquiera.  Vengo del silencio temeroso, impregnado de miedo, de un terrible país que tenía que esconder la cabeza bajo el ala, avasallado por aquellos que no supieron digerir su victoria, a este de hoy donde existe tanto ruido que a veces es difícil escuchar lo importante y donde, desgraciadamente, empiezan a colear alevines de aquellos “peces gordos” que ya tenía olvidados. 
Pero no puedo quejarme, mi vida ha terminado por desembarcar en este mar de ahora mismo, silente y azul, que aclara, con su reflejo de cielo y su blancura de espuma, las negras tinieblas de los años que me fueron robados y que me pesan en el alma. Debo aprovechar lo que me queda, para resarcirme de lo que no me dejaron vivir. Es el consejo que me doy y os comparto: hay que aprovechar dignamente la libertad, no sea que a la vuelta de cualquier "iluminado", o de cualquier fondo de inversiones, nos vuelvan a robar las ilusiones y nos corten las alas para poder volar en busca de la felicidad.


jueves, 15 de enero de 2026

GRACIAS


 Gracias a todos por vuestras bellas palabras. Las he recibido como el mejor regalo que puede darse.
Os seguiré leyendo, aunque a veces el comentario se me atragante de la misma manera que el lenguaje, falto de poesía y agradecimiento, que conforma esta entradilla.
Vuestros comentarios, los guardaré, para emocionarme, cuando vengan "maldadas".
Os quiero.

lunes, 12 de enero de 2026

CUMPLEAÑOS




 Pensaba en mis momentos más eufóricos que podría seguir escribiendo hasta pasados los noventa, pero largo me lo fie.

Las palabras se esconden, las metáforas no nacen y en definitiva, visto lo visto, Calíope, me ha abandonado.

Me ha costado dios y ayuda, pergeñar, este soneto. No creo que se repita.

Perdonar el atrevimiento, pero puedo justificarme, con ese deseo, casi juvenil y estrambótico.

 

 


Escribo este soneto apasionado

que nace del amor y el sentimiento.

Sois notarios de este testamento,

que se asoma a la luz, desorientado.


Noventa años y esto se ha acabado,

por falta de pasión y agotamiento.

No quiero añadir al sufrimiento

el tener que sentirme avergonzado.


Respetarme el último latido

que se nutre del surco y de la espuma,

mientras hago castillos, sin arena.


Mi próxima estación es el olvido,

entre bellos recuerdos y la bruma,

de esta triste vejez que me condena.