lunes, 20 de julio de 2026

SONETO A MI MAESTRO


 


A MI MAESTRO JUAN ALCAIDE


Te declaro maestro porque fuiste

una quimera que salvó mi vida,

una pasión que nace estremecida

en esos verso de luz, que repartiste.


Una lección de amor, la que me diste

encontrando del luto la salida,

mostrando la mañana prometida,

con brasas de esa paz que me encendiste.


Fuiste Alcaide de todos los anhelos,

recuerdo tu legado cada día

y un San Borce jovial, que me encadena


al amor, escribir y sus desvelos.

Tu supiste enseñarnos la serena

y lúcida verdad de tu poesía.




San Borce: Tertulia semanal en la que nos reuníamos, en casa del

 poeta, unos cuantos jóvenes. Leíamos poemas de su extensa

 biblioteca, sus últimas creaciones y nos guiaba de la mano en

 nuestros primerizos trabajos literarios.

El San Borce, no es un santo real.Se trata de una invención

 popular manchega, utilizada por los gañanes cuando tenían que

 dejar el trabajo, por la lluvia o las malas condiciones

 climatológicas.





miércoles, 15 de julio de 2026


 


Son las burbujas

estallidos de aire

que el viento olvida.


Se gana estilo

en la primera copa

de vino tinto.


Si es Valdepeñas

por estas que son cruces

se gana vida.

viernes, 10 de julio de 2026

POETA Y PRIMAVERA


 

Un poeta que cuida sus renglones

nos habla de amor y sentimiento,

escoge las palabras con acento

para hablar del color y sus pasiones.


Tu paleta, certera de ilusiones,

no pueden acabarse con el viento.

Que una rosa de luz, en movimiento,

te marque un camino de emociones.


Como un vuelo tenaz de golondrina,

-que fuera tu constante compañera-

termines por domar este soneto.


Olvida para siempre la rutina

y ponte en la mañana como un reto,

que sea cada día Primavera.



sábado, 4 de julio de 2026

NUEVA MAÑANA


 

Abrí la ventana
y me hice un ramos de trinos.
Acomodé los ojos
y reflejos de plata
inundaron los sótanos negros
donde arrumban las tristezas.
Una brisa cercana,
me trajo noticia de azul y salina.
Nubes novicias
le pidieron al viento
que jugara al corro con ellas.
Una claridad nueva me empujó a la mañana
dejando entre mis sábanas
los negros presagios
de una noche triste
 cargada de ausencias
y ahíta de recuerdos.

viernes, 26 de junio de 2026

EL ESPEJO


 

Tratando de reconocerme

he vuelto a mirarme en el espejo

que me ha devuelto,

una extraña fotografía

envuelta en vaho de tristeza.


Una pegajosa angustia,

evita que pueda pintar los corazones

que el empañado cristal me obliga.


A esa mirada que veo reflejada

en un azogue de silencios,

es como un crepúsculo negro y sin estrellas

que empieza a tener color de olvido.


Hay trozos de vacío,

en esa desconocida cara hastiada de imposibles,

donde el tiempo, inmisericorde,

anota sus razones,

esas que irremediablemente nos llevan al olvido.


Tendré que acostumbrarme,

a esta penúltima mascara que me observa,

o definitivamente, dejar de mirar a los espejos,

para evitarme mayores sufrimientos.


Volveré a mírame, cuando la luz

borre las arrugas que impone la tristeza.




sábado, 20 de junio de 2026

A MAR Y SURCO


 Este poéma lo escribí hace tiempo. Hace tanto, que ya ni me acuerdo. Aunque aún no me he olvidado, de donde vengo y donde estoy. Quede claro, que a un añoro pampanos y racimos, en las crestas de las olas.

A MAR Y SURCO


Cuando el mar es tu vecino,

hay que estar atento a los naufragios,

hay que saber conjugar los vaticinios de los vientos

y descifrar el monocorde lenguaje de  las gaviotas.


Yo, que vengo de la parda y reseca historia

de una tierra parca de azules,

vibrante de cigarras insoladas,

una tierra que deshace sus terrones

a golpe de sudor y soledades,

tuve que acostumbrarme

a leer en el mar de cada día

una nueva lección de vida y de latidos.


Volver a encontrar palabras

para renombrar

el ambulante relato de las olas

Y acostumbrar mis ojos

a ese despertar de sueños

ahíto de nuevas claridades.


Este mar me enseñó,

(en su encerado de azules)

que lo  de los panes y los peces,

solo se consigue si uno se olvida

de que son posibles los milagros.


Me enseñó,

que no existen cerraduras,

para esa quietud lejana

que cada atardecer sedimenta,

en quien sabe delinear los horizontes      .


Entre el molino y el faro,

me quedo con la luz que nos arropa y nos dirige.

 Y con las piruetas del aire,

que hacen posible esa alegre rebeldía blanca

de aspas que molturan ilusiones.


Añoro sirenas en los “majuelos”

y pámpanos y racimos

en las crestas de las olas,


Dejadme que en esta noche de verano,

cuando los torsos y los sentimientos se desnudan,

le de las gracias a los exilios,

que hacen posible que las risas,

como enredaderas verdes,

den fe de vida

 aferrándose a los muros de los viejos caserones.