martes, 15 de enero de 2019

SENRYU




Es verdad, nunca es tarde para aprender.

Fisgoneando por esta pantalla milagrosa, he sabido de una  desconocida manera poética japonesa.

Se trata del “SENRYU”, muy parecido al “HAYKU” en su construcción y medidas y que fue inventado por el poeta Karay Senryu, en el año 1.718.

Mientras el “hayku”, describe momento presentes de las estaciones y la naturaleza, el “senryu” debe ser más abstracto y puede tratar sobre sentimientos y emociones, acompañados en algunas ocasiones con un cierto toque de humor.

Este es mi aporte a esta, para mí, nueva modalidad poética:


No canta el grillo
la noche va pasando
con luna triste.


El té del martes
servido en taza rosa
sabe a sonrisas.


Nace un poema
recontando las sílabas
sufre el poeta.


Canta el jilguero
el pòeta se esfuerza
buscando rimas.


Mejor me callo
ya seguiré escribiendo
de lo que ignoro.






sábado, 12 de enero de 2019

REFLEXIONES AL CUMPLIR 83 AÑOS.




Cuando era niño,
trataba de domar lagartijas,
buscaba la savia que circula
por las verdes  hojas de los perales,
y buscaba en cada pájaro
la luz que enciende las mañanas.
Hoy, sin fuerzas para correrías,
sigo amando a la Naturaleza.

Cuando era niño,
unos desconocidos alacranes,
se desfogaban por mi sangre,
si alguien me hablaba de peleas.
Hoy, prefiero los abrazos.


Cuando era niño,
amanecían las mañana  nubladas y sin pájaros,
los días eran grises,  la libertad escasa
y la soledad era un cilicio que dolía en las entrañas.
Hoy, me aferro a la razón y a las sonrisas.

Cuando era niño,
me enseñaron  alguna fórmula,
viejos versículos sin ninguna certeza,
y hasta la historia de desconocidos reyes.
Hoy, no necesito de utensilios inservibles.

Cuando era niño,
un maestro me enseñó,
que solo la palabra puede mitigar
las sombras que marcan los cipreses.
Hoy solo escribo buscando claridades.

Cuando era niño,
inventaron el gasógeno, y después
muchas otras cosas ineficaces
que nos vendieron como precisas.
Hoy compruebo que nada ha superado
ese viejo invento del amor y los abrazos.

Cuando era niño,
no tenía sueños oxidados,
ni  sabía lo que era la nostalgia,
y la rebeldía era como el gusano
que busca su salida en la manzana.
Hoy sigo conservando la esperanza.

A pesar de todo entiendo,
al vórtice de esta fecha de recuerdos,
que merece la pena lo vivido.







miércoles, 9 de enero de 2019

ACCIDENTE





ACCIDENTE
                               (Microrrelato)

Lo leyó en la prensa y se asustó. Según la revista médica “The Lancet”, en al año 2016, el consumo de alcohol era el séptimo factor de riesgo de muerte prematura y de invalidez en el mundo y la principal causa de muerte entre las personas de entre 15 y 49 años.

Según una doctora apellidada Gakidon, eso de que una o dos copas de vino al día son buenas para la salud, no dejaba de ser una leyenda urbana.

Él ya había pasado de los 50 y aunque no se reconocía como un bebedor empedernido, supera con creces esas dos copas de vino de las que hablaba la doctora de apellido impronunciable.

A pesar de una cierta pigmentación roja de sus mejillas, que le daban un aire nórdico y saludable, su salud era perfecta, si descontamos algún catarro y una cierta ronquera, que cada poco se le subía a la garganta.

De cualquier manera, la noticia leída le produjo un cierto desasosiego. Ama a la vida y no quiere ser él al que le toque ser el elegido, por la maldición del estudio, de entre esos 2.400 millones de bebedores del mundo.

Dejará de beber, lo tienen decidido. Pero quiere despedirse a lo grande.

Se dirige a una conocida “enoteca” y compra un Pingus PSI 2010, (30€ la botella, que hasta ahí pueden llegar sus posibilidades), con la que piensa, con ayuda de algún aperitivo, acabar como merece su vida de bebedor.

A la salida de la tienda de vinos y absorto en sus pensamientos, camina por la acera, sin percatarse de que un patinete eléctrico, conducido por un atlético joven, viene en dirección contraria y se abalanza sobre él, atropellándolo.

Afortunadamente el golpe no es mortal, pero dolorido y mareado en el suelo, se palpa y comprueba que su mano se tiñe de un líquido cálido y rojo.

Antes de perder el conocimiento, le da tiempo a susurrar:

.-!!!Dios mío, que sea sangre!!!




lunes, 7 de enero de 2019

EL NIÑO QUE UNA VEZ FUI




El niño que una vez fui,
vagabundea por mis adentros,
a veces sembrando estrellas,
apaciguando espumas,
o tratando de encontrar el ritmo
que marcan los sentimientos.

Hay veces que se esconde,
cuando escribo despacio y con miedo,
o juega con las metáforas
como si fueran canicas de colores.

En otras ocasiones,
asustado de dolor y cicatrices,
de pinchazos y suspiros,
de aquello que él nunca supo,
se esconde en el rincón de la memoria,
a la espera de nuevas alegrías.

El niño que una vez fui,
navega en mi barco  de grumete,
vigía de nuevas claridades.

Su trabajo es avisarme
cuando el viento arremolinado de ruidos,
acalla la música de los violines
y hace cambiar la ruta de las aves.

Me avisará, con alegría
al divisar cualquier Atlántida,
alguna tierra prometida,
o con tristeza irremediable,
cuando mi barco pierda la deriva.


sábado, 5 de enero de 2019

REYES MAGOS




REYES MAGOS
                            (MIcrorrelato)

Aquel niño solo creía en los Reyes Magos. Durante todo el año se había comportado con arreglo a las normas que le enseñaban los mayores, había sido constante y eficiente en los estudios, por lo que sus notas eran brillantes, e incluso había ayudado en las faenas domésticas, obteniendo el beneplácito de sus padres y hermanos.

Quizás por ello, sus padres solían premiar ese buen hacer con todo aquello que la nueva tecnología inventaba y quizás por ello, cada vez le resultaba más difícil redactar su petición a Melchor, Gaspar y Baltasar.

Terminó por pedir pocos, pero provechosos regalos. Aquello que sus amigos y compañeros deseaban, él ya lo había conseguido.

Extrañamente, aquel año, los Reyes de Oriente, pasaron de largo. Por no dejar, no le dejaron ni carbón.

Lo que no sabía, es que, extrañamente, los Reyes de Oriente, se habían quedado sin cobertura.

Al año siguiente, lo primero que pidió en una carta con sobre y sello de Correos, fue un aparato,(el muchacho lo llama “gadget”) del que su abuelo le hablaba maravillas: una pluma estilográfica.





miércoles, 2 de enero de 2019

TRIQUITRAQUE




Recuerdo que mi padre, cuando la comida era suficiente y variada en la mesa, (cosa rara en los años difíciles de mi pubertad), y veía que no le hacía ascos a todo aquello que mi madre había preparado,  solía decirme, “no sigas comiendo que vas a reventar como un triquitraque”.

Más dado a seguir con el variado condumio que en saber la etimología de las palabras, hacía caso omiso a mi padre y seguía con la agradable labor emprendida de dar fin a todas las viandas que se me ponía ante los ojos.

Cuando ya mi padre no puede reconvenirme, y las penurias, son un desagradable recuerdo, me ha venido a la mente muchas veces y sobre todo en estos días pasados, lo del “triquitraque”.
Ya en alguna ocasión debí asomarme al Diccionario de la RAE, para tratar de entender su significado.

La palabra, en su tercera acepción significa: “rollo delgado de papel con pólvora y atado en varios dobleces, de cada uno de los cuales resulta una pequeña detonación cuando se pega fuego a la mecha que tiene en uno de sus extremos”.

No andaba descaminado mi padre, al usar la eufónica palabra y no porque temiese pequeñas y repetidas detonaciones al hacer la digestión de tan copiosa comida, (que seguramente ocurrirían), si no que velaba porque mi púber estómago pudiese digerir todo lo que vehementemente yo podía “ensilar”*.


*Ya puestos con el diccionario, miren también el verbo “ensilar”, seguro que muchos no conocen su significado.