lunes, 21 de septiembre de 2026

DECÍAMOS AYER


 

Si alguna vez alguien tiene que encontrarme que no me busque por los caminos que llevan a la tristeza. Si algo me queda claro de los muchos años que he vivido, es que el mejor antídoto para ser feliz son unas dosis diarias de alegría.
A pesar de los achaques que cada vez más se refocilan con mi cuerpo, aún me quedan fuerzas para ponerle complicidad a los deseos.
Sigo siendo adepto a la risa y trato por todos los medios que los sueños sean definibles.
Pretendo que las palabras devengan en talismanes que aclaren laberintos, lirica soldadura para las desavenencias, llave maestra para las mordazas.

Pero debo reconoceros, esforzados amigos que seguís leyéndome, que cada día me cuesta más trabajo ponerle color a la existencia
Todo se mixtifica y tal parece que estemos en manos de desahogados chamarileros sin escrúpulos. Tahúres de cuello blanco, siempre con la carta necesaria para el maneje manipulador, bajo la manga.
Ni las palabras, siempre ecuánimes, significan aquello que dicen los diccionarios.
Aquello que nos presentan no deja de ser tristes fotocopias de lo que sucede.
Los días están plenos de burdas mentiras, de promesas tan falsas, como las monedas que acuñan los poderosos, de consignas solo entendidas por conmilitones agradecidos.
Hombres que deberían ser preclaros, se ciscan en sus promesas, entrelazando sonoras y rimbombantes palabras para fabricar la frase oportuna y enigmática con la que ocultar, como vulgares trileros, las evidentes infamias.
Mientras, en un desconocido Olimpo de impostores, aplauden y sonríen los orondos diosecillos del dinero, pensando en el nuevo golpe de tuerca que les permita ser más poderosos, aunque estemos más indefensos y pobres  los simples mortales a los que solo nos dejan a la deriva sin la  leve esperanza de una Ítaca en el horizonte.
Y lo más triste de todo: una sociedad temerosa y anestesiada, que permite regalías y ditirambos, a los que acostumbran a mentirnos con la facilidad de actores consumados.

Por eso dejadme que me siente al sol de esta plaza de inquietudes y levante mis dos manos ya nudosas y casi artríticas, pero limpias y blancas, para unirme a los que con su voz más diáfana se oponen a los marcados designios de los que solo piensan en su sillón y su faltriquera.
Estoy con los trasparentes, con los que están dispuestos a descerrajar las herrumbrosas cerraduras que guardan los espacios en los que se prohíbe la entrada.
Estoy con los insumisos que no están dispuestos a ese “amén” cotidiano que nos exigen desde los pulpitos, los despachos enmoquetados y las poltronas.
Estoy con los humillados por las leyes y las clausulas. Por los concernidos por la letra pequeña de los contratos corroídos por la usura.
Estoy con los que sufren la inmisericorde crueldad de una justicia que a pesar de su ceguera, solo ve el lado por donde transitan  los poderosos.
Estoy con los que se atienen al significado exacto de los evangelios, aunque no participe de costosas parafernalias ni falsos golpes de pecho.
Estoy con las madres que sufren, con los padres cansados de soportar colas interminables en una busca infructuosa de su humano derecho a vivir dignamente.
Estoy con los jóvenes que se rebelan a las injusticias, con los que luchan por aclarar ese futuro que les es tan incierto. 

Me siento aquí y levanto mi mano blanca y mi grito, al lado de los dignos, de los honrados, de los decentes, de los nobles que no necesitan título para serlo, de los honorables a pesar de su rabia.
Y grito con el coraje de los insubordinados, porque cada vez son menos los otoños que me esperan y no es esta la vida por la luché, dejando girones de esperanza, anhelos y trabajos.
Grito por mí y por mis nietas, por todas las nietas y nietos que miran con limpieza al horizonte del futuro,
Un futuro donde los sueños puedan hacerse realidades, usando solo la honradez, el trabajo y la imaginación que cada uno le ponga a la resolución diaria de todas las incógnitas.
Solo deseo que se haga realidad el bello pensamiento de Eleonor Roosevelt: " El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de los sueños"

!! No permitamos que nadie nos usurpe la alegre rebeldía de soñar con un mundo mejor y mas justo!! 




miércoles, 16 de septiembre de 2026

HAIKUS DE AMOR


 
HAIKUS DE AMOR



Guardo tu risa
entre mis partituras
de eterna luna.

Hoy no me besas
y asombrado descubro
un triste otoño.

Sin tu presencia
las rosas palidecen
en los jardines.

Cuando me faltas
luciérnagas de luto
en mi camino.

Sin tus caricias
ángeles de silencio
pierden sus alas.

Dejaré escrito
que mi último suspiro
te suene a estrellas.


Para mi vida
sesenta y cinco años
son primavera.



lunes, 14 de septiembre de 2026

COMENTARIOS


 

Amigos:

Ante la imposibilidad de abrir la lista de lectores en mi blog y unído a otras contingencias repetidas de lo que parece una demolición programada por Google, os pido perdón por no comentaros a vuestras siempre interesantes entradas.

De no arreglarse ese desaguisado, siento deciros, que esta vez será la de mi definitiva retirada.

Después de 15 años, y con la edad pisandome los talones, lo que menos esperaba era tener que hacer una cansada yincana, para llegar hasta vuestros escritos.

Ante esta contingencia, de no ser resuelta, os diré esa frase manida, de "fué bonito, mientras duró", por no utilizar otras contundentes frases, que se me vienen a la mente y en las que nuestro patrocinador no resulta bien parado.

Me quedan dos escritos en la recamara, que también publicaré.

Siento que mi deseo de cumplir 95 años, al "pié del cañon", (por favor, borrar ese frase topica y beligerante) y sustituirla por "a manos de mis amigos lectores", no pueda llegar a conseguirla.

Espero que se arregle, pero de no ser así, un fuerte abrazo para todos.


viernes, 11 de septiembre de 2026

OLOR A OTOÑO


 

Tienes olor a otoño,
a tierra mojada y hoja seca,
a primavera pasada y hierba fresca,
a pájaro al amparo del nido,
añorando la rama y el verdor de sus hojas.

Ahíta de lluvia,
y exiliada de gritos y soles,
un viento de nubes dice tu nombre,
que se hace clamor en mis adentros.

En mi pecho,
suena un adagio triste, que me suena,
a ese invierno futuro,
a ese frio que me espera,
cuando yo me vaya
y te sigan floreciendo primaveras.


domingo, 6 de septiembre de 2026


 

En estos tiempos distintos,
en los que parece ser
que hasta la conciencia
necesita algoritmos.

En estos días de desencanto,
en los que los sueños se cercenan,
en un mar de soledades.

En estas horas,
 en las que las mariposas no acarician
y las crisálidas se ahogan
en una noche de desencantos.

En estos minutos,
en los que una resaca de sentimientos,
hacen volar gaviotas de pena negra,
en un cielo plagado
de estrellas temerosas.

En un segundo,
un sonido de alacranes revienta un cataclismo
y un viento de mentiras
de aquellos que se consideran cristianos,
apagan los luceros,
tiñendo de negro todas las esperanzas.

Habrá que decirle,
a esa banda de charranes
que ensucian el azul del cielo,
que en su programa electoral
no olviden de incluir un poco de humanidad,
que bien la necesitan.

viernes, 4 de septiembre de 2026

COMENTARIOS



Como soy un poco obtuso en estos menesteres, alguien puede indicarme que pasa con los comentarios en este día.
Por mucho que lo intento, no soy capaz de plasmar una contestación a vuestros escritos.
¿Os pasa también a vosotros? ¿Soy el único damnificado?
¿Es otra añagaza de Blogguer?
 

martes, 1 de septiembre de 2026

Foto de Gelo Charro

Publiqué esta entrada hace 13 años, cuando las nervaturas de mis manos, aún no eran alarmantes, no necesitaba audífonos, ni gafas para ver de cerca.

Permitidme, por tanto, que rinda  un homenaje a estas parejas de pueblo, que tanto recuerdo y tanto admiro, quizás por que son sangre de mi propia sangre.



La tarde pasa, empujando soledades en el pueblo vacío, pero se detiene en el quicio de esta puerta con sabor a historia y vida.

Todo está en su sitio justo, como si un consumado director de escena lo hubiese dispuesto de antemano.

Pero aquí no hay tramoya. El cojín que galantemente el marido ha cedido a su esposa, para mitigar la áspera dureza de la piedra, no es de atrezo.

La mujer le saca partido a sus dioptrías, para remendar descosidos o poner cenefas a la tela de viejos camisones, con el fin de seguir dando vida útil a los retales. Ella desde joven y pobre, aprendió que nada sobra y que todo puede volver a utilizarse, aunque no se hubiese inventado la fea palabra “reciclaje”.

Sus cuerpos no necesitan de sus necesarias apoyaturas, al estar recostados a la tosca piedra del muro, que muestra los costurones que los años y las inclemencias han ido dejando en su fábrica. Por eso el bastón y la garrota descansan cerca, prestas a ayudar a soportar los titubeantes primeros pasos doloridos por la quietud y los años.

Al igual que ellos, la casa vieja y cansada, tiene una dignidad de limpieza y noble señorío.

Ese dintel de piedra berroqueña, el cemento de la acera y el banco de nueva factura, son el alegre mensaje de que todavía queda vida por vivir y pespuntes que dar a la existencia.


El hombre, en su trono de piedra, con el singular cetro de su cayado y coronado por su sempiterna boina, tiene la dignidad del hombre justo que muestra la historia de su trabajo en los sarmientos rugosos de sus dedos y en la artritis que se anuncia por la posición de sus manos.

Pero su mirada, al igual que sus ropas, sin arrugas, tiene la tersura de los hombres que no tienen dobleces y que saben mirar de frente a la vida que les toca.

La mujer, consciente de ese rol que le ha tocado vivir, ya no ayuda al marido en las labores del campo, pero con su largo mandil como uniforme, se afana cada día para que la casa mantenga su dignidad y su historia.

Han vivido tanto que hasta han visto caer, como castillos de arena, otras familias, otras historias, otras casas aledañas, que bien por dejación de sus dueños, o bien por ventajosas permutas o jugosas ventas para nuevas construcciones.

Ellos han sabido aguantar, colocando piedras nuevas, tapando las covachas donde moran las lagartijas cuando el sol aprieta, tejando humedades, jalbegando zócalos, apuntalando recuerdos y vivencias.

Hay mucha muerte, mucha ausencia, mucha deserción y mucha historia olvidada entre ambos guarismos.

Pero ellos, al igual que la puerta de su casa, están hechos de otra madera y se sujetan al pueblo y a la vida, con gruesos clavos de recuerdos y esperanzas y salen todas las tardes a ver pasar la vida, curando su soledad con amor y compañía.

La llave del portón de su felicidad está a buen recaudo.

No os engañéis: parecen ceniza, pero ascuas de luces  nimban la tranquilidad paciente de sus figuras.