martes, 28 de enero de 2020

EXPLICACIÓN




Espero que no vuelva a pasar y lo que aconteció durante este largo, para mí, fin de semana, sea la última vez que ocurra.

Y lo digo porque a la edad que tengo, los artilugios que compras, seguro que no se hacen viejos a pesar de la célebre “obsolescencia programada”.

Viene esto a cuento, porque el pasado viernes, mi viejo móvil, que ya tenía 5 años, empezó a dar señales inequívocas de que su vida útil llegaba a su fin.

Entenderéis que no soy de esa secta que hace cola ante los almacenes para conseguir, antes que nadie, el último modelo de “Smartphone”, que sale de cualquier garaje olvidado de California (USA), o en las febriles y mal pagadas fábricas del oeste asiático.

Resumiendo que busque en Internet la manera de solucionar el problema y encontré lo que me convenía en unos conocidos almacenes, a los que me llevó una de mis hijas en su coche, pues no sé por qué extraña manía, suelen situarse en el extrarradio de las ciudades.

A media mañana del sábado, ya tenía en mi poder una cajita con el nuevo teléfono y también la ilusión de iniciar lo nuevo y desconocido.

Mi hija, bastante lógica y coherente, me propuso que el domingo antes de irnos a comer, se pasaría por casa junto con mi nieta Macarena, y me lo pondrían en marcha, sin problemas.

Debo decir, en honor de la verdad, que con una cierta candidez petulante, le dije que vinieran a la hora de siempre, que ya me encargaba yo de ponerlo en marcha, que no sería tan difícil.

Ese fue mi castigo y mi condena. Cinco años en estos inventores de telefonía, son casi una era para mis limitados conocimientos.

El Manual de instalación viene en el mismo teléfono y hasta que no eres capaz de insertar el microchip, dentro de una mini bandejita, donde va otro compartimiento para otro chip, para un segundo número y otro, un poco más grande, para archivos.

Como el teléfono es todo pantalla y viene sin botones, que son programables.

Como en la pantalla puedes pulsar, pulsar largamente, mover, pulsar dos veces y hasta “pellizcar”.

Como te da la posibilidad de “sugerencias de gestos”, reconocimiento facial y de huellas y hasta una educada señorita de nombre raro que dice quererme ayudar, pero que es incapaz de conocer mi voz, por mucho que me empeñe.

Como además debí insertar mal la “micro tarjetita de los cohooones” , me tuve que tragar mi petulancia, durante todo el domingo.

 Por cierto, todas estas cosas problemáticas suelen pasar en sábado, cuando la solución tarda en llegar al menos dos días.


Esta mañana de lunes, cuando escribo, he tenido que ir a una tienda especializada, que ha sabido “desfacer el entuerto” y por unos módicos euros y no mucho tiempo, no solo ha solucionado el problema, sino que además me ha pasado todos los datos del viejo al nuevo, que ahora funciona de maravilla.

Que conste que no me quejo, que necesario es y mucho, pero está claro que uno no está hecho para estos menesteres.

Sin ánimo de señalar, mi móvil no se ahogó en el inodoro del baño, pero si temí perder por la atarjea de los gastos imprevistos, una cantidad no esperada, pero necesaria.




jueves, 23 de enero de 2020

LAS GOTAS DE LA ESTELA





     Hay poesía que nace de la pena
     y otra que necesita de la brisa
     de un mar con resaca de sonrisa
     y belleza de cuerpo de sirena.

     Verso que despierta al sentimiento,
     con la justa palabra que presiente
     ese frescor, como agua de una fuente,
     que le presta tersura al pensamiento.

     Un poema es la arena de esa playa
     que espera  la caricia de la espuma,
     mientras el mar de azul se enciela.

     Lo que queda en el fondo de la malla
     de aquello que se escribe a vuelapluma.
     Las gotas que salpican de la estela.




martes, 21 de enero de 2020

OTRO DÍA SERÁ

Fotografía de Eva Bellido del periódico "Todo Benicassím".


Me siento ante el teclado del ordenador en esta mañana lluviosa, gris y desapacible, sin saber de qué escribir.

La tristeza del día, parece agarrotar mis dedos y lo que es peor, me nace como una especie de censura que trata de tachar, con pinceles negros, lo que debía ser la alegría.

Todavía me pesa en el recuerdo, ese mar de ayer que me hizo recordar  lo escrito por Alessandro Barico en “Océano Mar”:

“Se oía el mar, como un alud continuo, trueno incesante de un temporal hijo de quién sabe qué cielo. No se detenía un instante. No conocía el cansancio. Ni la clemencia. Si lo miras, no te das cuenta de todo el ruido que hace. Pero en la oscuridad...Todo ese infinito se convierte sólo en fragor, muro de sonido, grito abrumador y ciego. No se puede apagar el mar, cuando arde en la noche”.

Hace solo unos día, disfrutaba y os hablaba de ese mar femenino, “la mar”, maternal y paciente. Sensual y acariciador. Lúdico  e infantil. Amoroso y paciente.

Pero todavía vive en mi memoria, es mar “padre padrone”, brutal y violento, inmisericorde y enemigo, depredador de arenas y palmeras.

Ese mar rabioso, que ruge cuando ataca, sin importarle barreras y sin reparar, siquiera, en las vidas de los que le aman.

No es ese el mar que yo admiro y siento que no sabré nunca  a quién pedir responsabilidades, por  este triste cambio.

Delante del mar de ayer, me quedé triste y sin palabras, aunque pensándolo bien, quién soy yo, para pedirle explicaciones al mar.

Como no sé sobre que escribir, el día lo dedicaré a la lectura, y a escuchar la música retrasada, esa que vas dejando, para cuando las tardes manchan los cristales, las golondrinas se retiran temprano, y en la pizarra del cielo, un cepillo de bruma, borra las estrellas.

¡Otro día será!



jueves, 16 de enero de 2020

EL FLAMENCO SE MUERE




Dedicado a Mª Carmen Gª Franconetti, por sus venas corre esa sangre primigenia, que le dio sentido y vida a este sentimiento y esta pasión que nos retrata y nos hace más humanos.



El flamenco se muere. Todavía
hay “quejíos” que  llevan al desgarro
en noches de vino y sentimientos.

Todavía Camarón se viste de Undebé,
para aquellos “gitanicos”
que sueñan con el oro
de las cruces y las glorias.

Pero el flamenco se muere descafeinado,
como ese grano amargo,
que se olvidó de su pureza.
Empaquetado en colorines
de músicas impostadas,
que no saben de duendes
ni de la magia de lo “jondo”.

No se puede cantar,
la pasión,
las quejas,
los amores,
las plegarias,
las injusticias,
la desesperanza,
todo aquello que nos hace daño por dentro,
si no es con la sangre arrebatada,
con el fuego en la mirada,
con el escalofrío en la voz,
con cadencia hecha de puñal y mariposa.

FLAMENCO con mayúsculas,
no con ese diminutivo que mata el grito,
se olvida de las leyendas
pierde los anclajes de su esencia
y se vende por los brillos
de luces de discotecas.

martes, 14 de enero de 2020

LA SOLEDAD Y EL MAR




La soledad es como una batalla perdida,
como un desamparo y una tristeza,
la música olvidada de viejos saxofones,
el penúltimo vuelo de negras golondrinas.
Un gemido que duele con lágrimas de silencio,
una negra telaraña de suspiros.

Solo el mar,
con su paleta de azules, espumas y latidos,
con su graznar de cormoranes y gaviotas,
nos enseña en su quietud de amanecida
que, en este peculiar asunto de la vida,
también la soledad puede ser una mentira.