viernes, 4 de septiembre de 2026
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martes, 1 de septiembre de 2026
Foto de Gelo Charro
Publiqué esta entrada hace 13 años, cuando las nervaturas de mis manos, aún no eran alarmantes, no necesitaba audífonos, ni gafas para ver de cerca.
Permitidme, por tanto, que rinda un homenaje a estas parejas de pueblo, que tanto recuerdo y tanto admiro, quizás por que son sangre de mi propia sangre.
La tarde pasa, empujando soledades en el pueblo vacío, pero se detiene en el quicio de esta puerta con sabor a historia y vida.
Todo está en su sitio justo, como si un consumado director de escena lo hubiese dispuesto de antemano.
Pero aquí no hay tramoya. El cojín que galantemente el marido ha cedido a su esposa, para mitigar la áspera dureza de la piedra, no es de atrezo.
La mujer le saca partido a sus dioptrías, para remendar descosidos o poner cenefas a la tela de viejos camisones, con el fin de seguir dando vida útil a los retales. Ella desde joven y pobre, aprendió que nada sobra y que todo puede volver a utilizarse, aunque no se hubiese inventado la fea palabra “reciclaje”.
Al igual que ellos, la casa vieja y cansada, tiene una dignidad de limpieza y noble señorío.
Ese dintel de piedra berroqueña, el cemento de la acera y el banco de nueva factura, son el alegre mensaje de que todavía queda vida por vivir y pespuntes que dar a la existencia.
El hombre, en su trono de piedra, con el singular cetro de su cayado y coronado por su sempiterna boina, tiene la dignidad del hombre justo que muestra la historia de su trabajo en los sarmientos rugosos de sus dedos y en la artritis que se anuncia por la posición de sus manos.
Pero su mirada, al igual que sus ropas, sin arrugas, tiene la tersura de los hombres que no tienen dobleces y que saben mirar de frente a la vida que les toca.
La mujer, consciente de ese rol que le ha tocado vivir, ya no ayuda al marido en las labores del campo, pero con su largo mandil como uniforme, se afana cada día para que la casa mantenga su dignidad y su historia.
Han vivido tanto que hasta han visto caer, como castillos de arena, otras familias, otras historias, otras casas aledañas, que bien por dejación de sus dueños, o bien por ventajosas permutas o jugosas ventas para nuevas construcciones.
Ellos han sabido aguantar, colocando piedras nuevas, tapando las covachas donde moran las lagartijas cuando el sol aprieta, tejando humedades, jalbegando zócalos, apuntalando recuerdos y vivencias.
Hay mucha muerte, mucha ausencia, mucha deserción y mucha historia olvidada entre ambos guarismos.
Pero ellos, al igual que la puerta de su casa, están hechos de otra madera y se sujetan al pueblo y a la vida, con gruesos clavos de recuerdos y esperanzas y salen todas las tardes a ver pasar la vida, curando su soledad con amor y compañía.
La llave del portón de su felicidad está a buen recaudo.
No os engañéis: parecen ceniza, pero ascuas de luces nimban la tranquilidad paciente de sus figuras.
miércoles, 26 de agosto de 2026
AMIGOS
Ahíto de soledades,
voy andando mi sendero,
mientras busco las palabras
que se enciendan en luceros.
Voy amañando tristezas,
que sumo con el recuerdo,
mientras pienso en los amigos
que habitan en el misterio.
Me pesan los que se han ido
y me duele su silencio,
mientras malgasto latidos,
que se pierden en el tiempo.
Me quedáis solo vosotros,
que a pesar de los pesares,
me acompañáis con las letras
que aseguran mis verdades.
Daros las gracias quiero
y escuchar bien lo que os digo:
si no fuera por vosotros,
solo tendría un amigo.
viernes, 21 de agosto de 2026
AUSENCIA JUSTIFICADA
Decía Séneca, que en la adversidad conviene muchas veces tomar un camino atrevido.
He pasado unos días adversos, pero mi camino, lejos de ser atrevido, ha tenido una sola dirección: el escusado.
Un desarreglo intestinal, con sus daños colaterales , me han tenido “fuera de juego”.
Ya sé que en el mundo del espectáculo, se desea mucha cantidad de lo que he venido produciendo, pero dudo mucho que esto ocurra, en el recóndito y difícil, (según vengo comprobando), mundo de la blogosfera.
Valga esta escatológica entrada, para justificar mi ausencia.
Una vez repuesto de la penosa enfermedad, y bien perfumado para la ocasión, me dispongo a volver a las andadas, por lo menos, hasta que otro nuevo achaque se produzca.
Que a estas alturas de mi vida, seguro que no faltarán.
sábado, 15 de agosto de 2026
domingo, 9 de agosto de 2026
LAS HUIDIZAS PALABRAS
Me falta la palabra, ese barquito de papel, que naufragó en el proceloso mar de las vivencias.
Palabras que añoran mis poemas, que tristes empiezan a vaciarse, con el ocaso de los años.
Algunas sois la pesadilla de interminables noches en blanco.
Palabras, desdeñosas, frías, escasas, sibilinas, sin sentido, vacías.
Temo que mi escritura se trasmute tenebrosa, falta de luz, indescifrable.
El triste sinsentido que avergüenza a los diccionarios.
Menos mal que en alguna madrugada, me despierto gracias a la caricia de una palabra encontrada, que le da sentido y forma al nuevo poema.
Mi página en blanco, vuelve a ser esa prorroga final, que cuenta los minutos que quedan, para seguir buscando los misterios que anidan en la fabrica de los sueños.
martes, 4 de agosto de 2026
RECUERDOS DE MI PUEBLO DE NIÑO
Cada día recuerdo más
aquella tierra de mi niñez,
donde las mariposas,
-con alas de colores-
señalaban las flores,
que recuerdo con la nostálgia
del que pierde la memoria.
Cuando las campanas,
decorriendo la aurora,
anunciaban las horas
de la iglesia y la muerte.
Recuerdo los caminos,
de tierra sudor y cardenchas,
que sin ninguna burocracia,
llevaban al trabajo del día.
Me despierto de una siesta de antaño,
pensando en la testarudez de la mula,
que unida al palo reseco de la "guía",
no ceja en el empeño de la noria.
Este niño de hoy,
perdido en el macabro laberinto del tiempo,
sonríe de tristeza,
mientras recuerda,
los tiempos de la magía.
Miro a este mar de hoy
y siento miedo de las olas,
que vehementes me recuerdan,
su necesaria condición
en todos los naufrágíos.






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