martes, 9 de octubre de 2012

YO NO ESTUVE





Esta entrada la escribí en el tiempo que estuve privado de ordenador. Aunque han pasado unas fechas, creo que todavía está de actualidad, por lo que me decido a publicarla.

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Mientras se preparaba una importante demostración de hartazgo y rabia contenida alrededor del Congreso de los Diputados, en Madrid, el Sr. Rajoy, hombre de acrisolada y comprobada rectitud y fiel cumplidor de sus compromisos,  guiado por la figura menguante del Rey Borbón, se marchaba a Nueva York, con el encomiable fin de dar brillo y esplendor a la marca España.

Atrás quedaban, olvidadas en el baúl de los recuerdos vergonzantes, festivas cacerías, elefantes tiroteados, toros alanceados, flirteos de altos vuelos y baja moral, amistades altamente peligrosas, olvidadas promesas, corrupciones consentidas, enriquecimientos fulgurantes, aviesas y lucrativas componendas de familiares egregios.

Para la ocasión, se sacaba del basurero la antigua y vilipendiada Alianza de las Civilizaciones, se limpiaba del orín y la mugre  con la que la combativa muchachada pepera la había manchado durante la oprobiosa época Zapatero, se le daba un  falso barniz de modernidad, se le cambiaba el nombre, por lo que pudieran decir y !“Voila”!: !Estos  son mis poderes!

Se adereza esto con un poco de !Gibraltar español!  y éxitos deportivos y seguro que  el capital norteamericano, fondos de inversiones y casinos de las Vegas incluidos, se vuelca anegado de dólares el sufrido solar patrio.

Antes de preparar las banderitas y los sombreros cordobeses para los alcaldes, antes de  que los altavoces llenen los pueblos de airosos pasodobles en honor de los posibles Mr. Marshall,  el Sr Rajoy tuvo un recuerdo y un sentido agradecimiento, para los españoles que no se sumaron a los cabreados de la plaza de Neptuno, dando a entender que aquellos que no asistimos somos los “buenos” de su película.

Le diré algo obnubilado presidente: mientras usted se fumaba un buen habano paseando su palmito por las aceras neoyorquinas, yo me dolía con cada porrazo que la bien aleccionada policía endilgaba a todo aquel que se cruzara en su camino, aunque fuera un simple viajero que espera su tren en un andén de cercanías.

Yo, en mi mesa camilla también hacia mío cada grito, cada eslogan, cada cartelón reivindicativo. Mis manos también estaban desprovistas de armas y de odios. Al igual que  ellos, solo pretendía hacerme  notar, sentirme participe de un pueblo del que se dice que vive en democracia y al que no dejan de “chulearlo”, al que se le echan los perros policías vestidos de oscuro y odio, tratando de que seamos buenos súbditos y traguemos sin rechistar la bazofia ideológica y moral que se nos sirve cada día.

Pretendía, al igual que muchos, bastantes más e los que a usted le gustaría,  que entendieran de una puñetera vez que los que se sientan en los escaños del Congreso, lo hacen en nuestro nombre. Pretendemos que se comporten como nuestros servidores y sean nuestra voz, para que no tengamos que rodearlos y recordarles sus olvidadas promesas y sobre todo la sonrojante suficiencia con la que se comportan, mientras que como consumados trileros, nos enseñan la bolita en el vaso y con la otra mano nos escamotean los derechos adquiridos, las metas conseguidas. Absortos como estamos con el vaso de plástico de la bolita, no nos damos cuenta de que nos están llevando, sin enterarnos, a la sociedad que ellos pretenden, pero que no son capaces de ofertar en sus programas, porque saben que los correríamos a gorrazos.

Mire Sr. Rajoy: por lo que a mí respectas no le acepto el homenaje que tan graciosamente nos dedica a los que no se manifiestan ante las decisiones
de su ejecutivo. No asumo los sacrificios.

No tengo más remedio que aguantarme, ya que un numeroso grupo de compatriotas míos, (yo, desde luego no), le ofreció su voto, porque creyó en su palabra, porque aceptó el mantra de que usted sabía lo que tenía que hacer, para sacarnos de la crisis. Y es verdad que lo sabía. Pero no era lo que nos ofertaba en su campaña.

Su buen hacer, nos decía, iba a dar confianza a los “mercados” y rápidamente volveríamos al lugar que nos corresponde.

Y en eso  estamos. Al borde de la quiebra, copando los titulares y las portadas que nos señalan como los mas pobres de Europa.

Siempre le quedará a usted  y a los suyos el fácil estribillo de la herencia recibida.

Y así seguiremos, oyendo a un gobierno que no sabe y no contesta, que capea el temporal, pensando en las elecciones que se avecinan, sin importarle lo más mínimo lo que piensa y dice el pueblo que les eligió para gobernar.
Y soportando a una oposición que dejo de serlo en el justo momento en que se cisco en sus principios y paso a ser, ella también, un monigote en manos de esa Hidra de siete cabezas llamada “mercado”, sin que se vislumbre en el horizonte un mitológico Heracles, dispuesto a cortar sus antisociales designios.

Yo no estuve, pero no me insulte, apropiándose de mi pensamiento.

Estuve al lado de los que protestan por no sentirse representados, por una pléyade de políticos vividores que solo se acuerdan de nosotros cuando necesitan nuestro voto.


!!! Olvídeme y siga disfrutando su puro Don Mariano!!!

4 comentarios:

  1. Son una partida de desvergonzados. Y encima les molesta el auto del juez Pedraz.
    Besitos

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  2. pfff!
    esta mañana pensaba que en los países latinoamericanos vamos de desilusión en desilusión en cada elección...hace unos meses en México y hace unos días Venezuela, pero supongo no somos los únicos que soportan malos gobiernos.

    Saludos Juan y me ha interesado tu post.

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  3. Cuando escucho al vicesecretario de organización electoral Carlos Floriano, solo siente vergüenza del paisano, desagrado ante sus afirmaciones y comparecencias y hartazgo de sus excusas, mentiras y pretextos. Bueno, pensándolo bien siento lo mismo al escuchar a la inmensa mayoría de políticos que tenemos en nuestro país. Ahora que en Galicia y en el País Vasco están en precampaña, cuando escucho a unos y otros solo siento desconfianza, algo de repugnancia y aunque pertenezco a la mayoría silenciosa, tengo un deseo irrefrenable de gritarles y decirles que lo dejen ya, nunca cumpliran sus promesas...

    Un abrazo.
    PS: También me gustó y agradó mucho este post, tan sincero, realista, acertado y razonable.

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  4. A las cosas hay que llamarlas por su nombre sin eufemismos, Juan. Este país ya está harto de asesores de imagen, toreo de salón y mentidas mal contadas.
    Verdades como puños las de tu post

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