martes, 16 de junio de 2020

EL HOMBRE DE LAS HAMACAS




Todas las mañanas, al buscar el lugar de siempre, cercano a las espumas y al frescor de la arena mojada, aquella mujer, cuando colocaba su toalla en la arena, no podía evitar mirar al repartidor de hamacas, que en la sombra de su pequeña caseta, o bien leía o bien escuchaba música, descansando de su trabajo de cada mañana.

A pesar de los años y su saludable contacto con el mar, (o quizás por eso), aquel hombre se conservaba bastante bien, aunque en sus canas y sus arrugas, se evidenciaba la inexorable caída de las hojas de los almanaques.

La protagonista de mi historia, apenas había podido intercambiar algunas palabras con aquél hombre, pero no podía evitar el deseo de saber un poco más de él, de sus aficiones, su vida, sus gustos y aunque evitara pensarlo, hasta había soñado con algo más, tendida en la playa arropada por los deseos y la brisa.

De hecho, ella que tanto añoraba la cercanía física del mar, había decidido alquilar cada día una sombrilla y una hamaca, lo que le permitía y justificaba un acercamiento a aquel hombre que con el paso de los días, había terminado por ser una obsesión.

Ello le permitió saber de sus aficiones, de sus experiencias y de algunos pequeños retazos de su vida, lo que fue motivo para que su mente idealizara, aún más, la imagen de aquel hombre que, apenas conocía.

Y cada mañana, aquella mujer añoraba el momento de su vista al mar, para poder estar en la compañía de aquél que le había enseñado que los sueños no se pierden y que siempre es tiempo de volverse a enamorar.

Pero hubo un día que a la playa, a pesar del sol, del color azul del mar y del cielo, le faltaba algo.

El hombre de la hamacas, no estaba en su sitio y la caseta estaba cerrada.

Durante un tiempo, tuvo que ahogar sus penas prestandoles lágrimas saladas a las olas y contando al horizonte la tristeza de una soñada pasión perdida.

Hasta que una mañana, vio salir del agua, un joven, al que el sol le ponía brillo a las gotas en la tersura morena de su cuerpo, que pasó por su lado y se dirigió a la caseta, que abrió sacando una banqueta para secarse al sol, en el mismo sitio donde antes lo hacía el hombre de sus sueños.

Sin poder reprimirse le preguntó por el anterior hamaquero y entonces supo que le había traspasado el negocio, porque por la edad no estaba muy bien de salud y ya no podía soportar el duro trabajo.

El joven, se puso a su disposición para lo que necesitara y  le dijo que le gustaría poder tenerla como clienta de sus hamacas.

Los veranos pasaron, el mar seguía reverberando de azules, la playa llamaba con señales de sol y brisa y con la felicidad ondulante de sus olas.

La mujer de mi historia sigue disfrutando de la playa y aunque no le sea posible el olvido, al menos ha aprendido que la vida siempre da segundas oportunidades.




23 comentarios:

  1. La vida renueva a los protagonistas.
    Un abrazo.

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  2. Una historia muy original. Un beso

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  3. Ya lo dijo Julio Iglesias: "La vida sigue igual" :-)
    Un abrazo.

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  4. Ella lo intentó pero con poca decisión, a veces somos demasiado cautos, hay que aprovechar las oportunidades, generalmente son varias en la vida. Abrazos

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  5. Bueno, a lo mejor salió ganando. Pero la primera impresión es la que vale. O no, que también puede ser.
    Saludos.

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  6. Me temo que a veces por callarnos lo que sentimos se pasa esa oportunidad y siempre quedará eso de y si hubiera o hubiese...

    Abrazote utópico.-

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  7. Una historia muy bien contada, Juan. Seguramente esa mujer, romántica y soñadora, tuvo otra oportunidad. Los sueños ascienden al universo y tarde o temprano vuelven a nosotros para hacerse realidad.
    Mi felicitación y mi abrazo manchego, amigo.

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  8. Bueno, segundas oportunidades , con ése primer hombre de la hamaca no.

    Otras, no lo sé, posiblemente sí, o éso queremos creer.

    Besos.

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  9. Una mujer que sabe esperar, y que insiste en ser feliz, y fiel al mar.

    Muy bonito texto, y la imagen, bueno, de estupendisima textura. Un abrazo

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  10. Los años pasan, pero el mar, la mar, sigue ahí.

    Un abrazo.

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  11. El tren pasa una sola vez por la estación de la vida, si lo pierdes, habrá más estaciones, pero nunca como la que dejamos escapar.
    A veces tienes que ser tú quien da el primer paso.
    Un abrazo.

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  12. La lectura de tu relato me ha traído a la memoria a las tres generaciones de hamaqueros que he conocido en mi trocito de playa: El abuelo de mi juventud, que era boquerón, boquerón y además de las pocas hamacas que tenía, asaba sardinas en el chiringuito y doy fe que nadie las asaba como él, luego el hijo, que ya era mayor cuando lo sucedió y que bregaba con la chiquillería, entre las que estaban mis hijas, y ahora el hijo que está más viejo que el abuelo en su día y que briega con mis nietos.
    El mejor el abuelo, su simpatía no la heredaron los que lo sustituyeron, lo recuerdo con mucho cariño. Y pienso que era una persona de la que sería fácil enamorarse, llenando de realidad tu relato.
    Te mando un beso, no desde la hamaca, porque no me gustan, soy más de toalla en la arena.

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  13. Hola Juan! Nos dejas una bonita historia, si he sabido leer bien, me lleva a pensar, que a pesar de tener una oportunidad de amor, prefirió seguir siendo fiel junto a su mar... ese mar que tanto amor le dió junto a su amor.
    Abrazos cariñosos.

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  14. La vida siempre nos pone en nuestro camino segundas oportunidades, de nosotros depende si aproverlas o no, o simplemente seguir lamentado lo perdido o no conseguido. Me ha gustado mucho tu relato, deja una lección, Juan.

    Mil besitos para ti.

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  15. HOLA AMIGO ME GUSTÓ MUCHO TU BLOG, TE SIGO Y TE CUENTO QUE RECIÉN HE ABIERTO UN BLOG DE FRASES CÉLEBRES, ESPERO CONTAR CON TU PRESENCIA.
    SALUDOS.

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  16. A rey muerto, rey puesto.
    Un abrazo.

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  17. Encantadora historia, y si, siempre hay segundas oportunidades.... Saludos amigo Juan.

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  18. Muy bonito cuento. Un retazo de vida, una ilusión que se renueva.

    Un abrazo :)

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  19. Pienso que nunca se sabe. Las mallas que entretejen los destinos son una incognita. Quién puede saber si, fruto del deseo, los protagonistas hubieran iniciado una relación, ésta no hubiera sido una fuente de desasosiego.
    A veces puede ser mejor, vivir algún deseo incumplido.

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  20. Una promesa joven puede ayudar a superar una pena de amor.

    Besos, Juan

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  21. Siempre le quedará...el mar. De recuerdos tambien se vive.
    Muy bonito a pesar del regustillo algo triste.
    Me ha recordado (¡cómo no!) el precioso poema de Antoine Pol que cantó Brassens : "Les passantes", sobre la nostalgia que dejan las oportunidades desaprovechadas.
    Un abrazo

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  22. Es que una buena conversación y un buen paisaje llenan mucho, cuando ha pasado el tiempo de las cerezas.
    Un tiempo que no suele ser el mismo para todos. Saludos.

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  23. Mientras que el estuvo vivió con la ilusión de ese amor platónico que le hacia bajar a la playa con ilusión por verlo y charlar con él.

    Un cálido abrazo

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