Cada día recuerdo más
aquella tierra de mi niñez,
donde las mariposas,
-con alas de colores-
señalaban las flores,
que recuerdo con la nostálgia
del que pierde la memoria.
Cuando las campanas,
decorriendo la aurora,
anunciaban las horas
de la iglesia y la muerte.
Recuerdo los caminos,
de tierra sudor y cardenchas,
que sin ninguna burocracia,
llevaban al trabajo del día.
Me despierto de una siesta de antaño,
pensando en la testarudez de la mula,
que unida al palo reseco de la "guía",
no ceja en el empeño de la noria.
Este niño de hoy,
perdido en el macabro laberinto del tiempo,
sonríe de tristeza,
mientras recuerda,
los tiempos de la magía.
Miro a este mar de hoy
y siento miedo de las olas,
que vehementes me recurdan,
su necesaria condición
en todos los naufrágíos.
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