Hoy le he dado un repaso a los espacios
donde voy colocando los escasos libros que quedan, tras las donaciones hechas a bibliotecas,
hijas y amistades.
Que
a pesar de tener que desdecirme de mis palabras, no he tenido más remedio que
acceder a los ruegos de mi compañera y dejar de comprarlos, aunque no he dejado
de leer gracias a la menos costosa y más respetuosa con los volúmenes, ayuda
del libro electrónico.
Junto
a algunos volúmenes que guardo de la colección Austral, han aparecido, como
reliquias de un tiempo juvenil y remoto estos dos ejemplares que reproduzco en
la foto.
Uno,
titulado” La hora del alba”, es una antología recopilado por un profesor de un
instituto de Teruel llamado Rafael Ferreres, esta editado en el año 1.944 y
llegó a mis manos en el año 1.945, cuando hacía el examen de ingreso para
acceder al bachillerato.
Lo
he hojeado hoy, tiene todavía olor a tiza y tinta de tintero, tiene soniquete a
dictado, a tardes mirando por la ventana del colegio mientras un compañero
recitaba con voz monocorde “Anoche cuando dormía” de Antonio Machado.
Entre
sus hojas ha aparecido un trozo de cuartilla en la que yo ensayaba un boceto de
firma, que en aquél entonces necesitaba urgentemente, para afianzar mi soñada
personalidad.
Seguro
que aquél día la lectura sería “España” con la prosa elegíastica y barroca de
Emilio Castelar y no debía yo estar para
tantas excelencias.
El
libro está dividido en seis apartados y recogidos en verso y prosa: Los
Animales, Los hombres, La religión, España y el paisaje, Poesía recitable y
Narraciones.
Aunque
por el enunciado de los temas, comprendáis el fielato que el autor tuvo que
pagar a la política educativa franquista, lo cierto es que este libro me mostró
por vez primera composiciones de autores tan variopintos como D´Annunzio,
Gabriela Mistral, Tagore, Juan Ramón Jiménez, Lorca, Machado, Washington
Irving, Gerardo Diego, Oscar Wilde y un largo etcétera, que ahora pienso volver
a leer.
El
otro, un regordete y pequeño ejemplar de 748 amarillentas página, está editado
en el año 1.958 y se titula “Las mil mejores poesías de la lengua castellana”
(Ocho siglos de poesía española e hispanoamericana).
Mi
ejemplar es de la decimonovena edición y su precio de 30 pesetas. De donde
colijo que ya debí comprarlo siendo estudiante de bachiller. El librito
pertenece a una colección llamada Biblioteca de Bolsillo de Ediciones Ibéricas.
La
edición fue preparada y seleccionada por José Verruga y hace un repaso de los
poetas más importantes de cada siglo.
En
este libro solo encuentro en la primera página, una escueta firma donde dice
Juan sin más arabescos y un rudimentario marca páginas, que marca la 666 donde están
los poemas “Tarde” “Hora de estrellas” y “El camino” de Federico García Lorca.
De
donde se demuestra que la querencia viene de largo.
Ha
sido un reencuentro maravilloso, pero os prometo que ahora los coloco en el
sitio predilecto de mi biblioteca de urgencia, aunque solo sea para recordar
aquellos tiempos ya tan lejanos.






