jueves, 10 de noviembre de 2011

FEO Y ENFERMO MAR





Acostumbrado como estoy a que el mar me reciba sosegado y silente, con esa quietud encendida y maternal que te hace desear su abrazo y su caricia, guiñando de luces sobre el azul, como en un inmenso luminoso. Acostumbrado a refugiarme en su silencio, cuando se acaba la marabunta y las soledades necesitan de espacios y belleza, tengo que confesaros que aquel día, el mar, ese amigo mar del que presumo, me asustó.
Ya, al acercarme, me preocupó el sonido ronco que emitía, como el del pecho de un minero alcohólico y fumador.
Al igual que el tísico sin solución, su cavernoso ruido iba acompañado de enormes esputos de espuma, que como surtidores de odio se dibujaban en el horizonte más cercano.
Me dio miedo también, la agresividad de sus olas, que con zarpazos de rabia y sin blancura de espumas que las dulcificaran, se empinaban violentas sobre la costa, rompiendo las bridas que antaño las amansaban.
La playa, mordida por la ferocidad de unas aguas, que no se sabía si eran empujadas por el viento o por el odio de un dios guerreo y vengativo, aparecía vacía de arena y plena de detritus y suciedad. Donde antes jugaban niños y dormitaban sirenas, cubriendo de risas y colores la mañana, ahora parecía como si el mar, hastiado ya de soportar tanta afanosa desidia, quisiera enseñar, como en un triste escaparate, todo lo sucio y contaminante que guarda en sus entrañas.
Todo ese odio escondido, había llegado, también, a romper los endebles diques que el ansia constructora, trataba de domeñarlo y con brutales bocados de perro rabioso, había roto barandas, cuarteado carreteras y en su violenta voracidad, había erosionado las viviendas, que la irresponsabilidad había puesto robándole el lugar que le pertenece y que ahora, violento, reclama.
A pesar de lo desagradable del paisaje que se mostraba ante mis ojos, había como un canto de dolor y desengaño en el ronco rugido de las aguas. Y hasta las gaviotas, afanosas entre los detritus más alejados de las olas, tenían un canto mas ronco y un vuelo mas alicaído.
Seguro que ni las gaviotas, ni yo mismo, estábamos conformes con aquel mar.
Entendíamos su mensaje. Sabíamos de su paciencia de siglos, aguantando todos y cada uno de las felonías que los humanos  le habíamos infringido, aceptábamos su dolor, e incluso justificábamos este serio aviso, gritándonos que esto no podía seguir así.
Pero nos dolía este mar sin azules, sin velas blancas llegando al horizonte, sin pequeños peces jugando cerca de la arena.
Este mar, ahora gris marengo y triste, que siempre tuvo palabras que enseñar, juegos que ofrecer, ideas que iluminar, colores con que llenar paletas de pintores, ese mar es el que yo quiero.
Por ese mar, justifico esta rabia de ayer, pero quiero cantar la luminosidad de siempre, pidiéndoles a los hombres que luchemos por este mar de la inocencia. Un mar surcado por blancos pañuelos que olviden las lágrimas y solo volteen con sonidos de alegres bienvenidas.
Un mar que entre sus aguas nos traigan sonoras sinfonías de otros meridianos.
Démosle a este viejo mar nuestro del saber y los ensueños, el limpio lugar que necesita para su reposo, la tranquilidad debida a sus siglos de dadivas y enseñanzas, la ternura sin macula del agradecimiento.
Mucho de lo que somos, se lo debemos a este Mediterráneo, ayer enfurecido y oscuro, pero que, seguro, mañana volverá a ofrecernos, envuelto entre espumas y algas, el regalo magnifico de su azul infinito.



7 comentarios:

  1. El mar infinita fuente de inspiración, sitio de calma y sosiego para las almas poéticas y melancólicas.
    Refugio de corazones enamorados y azul eterno que nos abraza y envuelve...tú mar, mi mar, el de todos.
    Adoro el mar, precioso relato, abrazos.

    ResponderEliminar
  2. El Mediterráneo es mágico. Sus azules regresarán y los sueños y colores a sus playas...

    Saludos, Juan. Buenas noches.

    ResponderEliminar
  3. Hola Juan, lo saludo desde Buenos Aires , Agentina, lo encontre visitando blogs amigos, muy bueno e interesante el suyo.

    Cariños

    ResponderEliminar
  4. No te imaginas, como me gusta tu forma de escribir, mucho, mucho, mucho.
    Bueno el mar, como el resto de la naturaleza, seguro expresa su rabia y su dolor , ante tanta agresión de parte del ser humano.
    La verdad es que con tu prosa tan bella, hasta me pareció oír su ronquido y ver la ferocidad de sus olas...
    Besitos en el alma
    Scarlet2807

    ResponderEliminar
  5. A veces hasta los paisajes y las personas más dulces estallan clamando contra el dolor y las injusticias. Seguro que este mar estaba enfadado por cómo lo solemos tratar, cuando él sólo nos da belleza. Es sólo un toque de atención. Mañana todo volverá a su sitio, y seguiremos disfrutando de todo aquello que nos regala.

    Un abrazo, amigo
    (más liá que la pata de un romano, sigo yendo y viniendo, no me queda otra...)

    ResponderEliminar
  6. El mar, la mar como dicen los marinos siempre nos ofrece su rostro amable y el enfurecido, quejándose del trato que recibe y dándonos toques de aviso al igual que tu amigo Jota, para abrirnos los ojos ante ese maltrato continuo que recibe, menos mal que tiene buenos aliados que con sus letras despiertan consciencias para hacerle saber que no esta sol@ en su lucha.

    Un abrazo amigo

    ResponderEliminar
  7. cuando esta asi de enfadado, hay veces que hasta lo oigo llorar de rabia, estoy segura de que el llora por mi y yo lloro por verlo a el asi, pero cuando se calma es el quien nos sosiega...un abrazo Juan.

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.