Cada día recuerdo más
aquella tierra de mi niñez,
donde las mariposas,
-con alas de colores-
señalaban las flores,
que recuerdo con la nostálgia
del que pierde la memoria.
Cuando las campanas,
decorriendo la aurora,
anunciaban las horas
de la iglesia y la muerte.
Recuerdo los caminos,
de tierra sudor y cardenchas,
que sin ninguna burocracia,
llevaban al trabajo del día.
Me despierto de una siesta de antaño,
pensando en la testarudez de la mula,
que unida al palo reseco de la "guía",
no ceja en el empeño de la noria.
Este niño de hoy,
perdido en el macabro laberinto del tiempo,
sonríe de tristeza,
mientras recuerda,
los tiempos de la magía.
Miro a este mar de hoy
y siento miedo de las olas,
que vehementes me recuerdan,
su necesaria condición
en todos los naufrágíos.
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Muy bellas imágenes, Juan, la nueva del blog y la de tu poema recordando tu infancia con toda la ternura
ResponderEliminarde la nostalgia! Un abrazo!
P.D. En el último "recuerdan" tu recuerdo se comió una "e"
Restituido el recuerdo.
EliminarGracias, por avisar.
Un abrazo.
Pelín de nostalgia veo yo. :-))
ResponderEliminarJuan, las tierras manchegas, sus flores, sus caminos y cosechas aún viven en tu mente y tu corazón...La tierra se graba en el alma y no se puede olvidar...Hoy desde el mar la recuerdas y te duele tenerla lejos, a mi me pasaría igual...Eres poeta de campo abierto, amigo mío...Mi felicitación y mi abrazo entrañable, Juan...Tampoco te olvida nuestra Mancha.
ResponderEliminarHola Juan, tu recuerdos de niñez nos traen recuerdos de la nuestra, se añora mucho esa niñez en la que jugabamos en la calle y con cualquier cosa nos entreteniamos, no como ahora que solo saben entretenerse con los teclados, quien pudiera volver verdad?, pero bueno nos conformamos con recordarla y lo bien que lo pasabamos.
ResponderEliminarBesos.
Hermoso poema y triste en su parte final.
ResponderEliminarUn abrazo.
Recuerdo toso eso, juan, y más.
ResponderEliminarRecuerdo la noria y sus canguilones, la mula y sus interminables vueltas. Las tierras labradas, las espigas, los segadores, la trilla... Yo sentado sobre el trillo. Las mariposas de entonces. Aquellos tiempos...
También aquellas campanadas lentas... Que anunciaban el "partir" de alguien.
De aquellos tiempos, amigo, lo recuerdo todo!
Abrazos, Juan.
Qué grabados quedan esos recuerdos de la niñez y qué bien los cuentas, poeta.
ResponderEliminarUn abrazo.
Buenos recuerdos de niñez tienes; esos hay que rememorarlos por el cariño que producen.
ResponderEliminarUn abrazo.
Que bello poema Juan.
ResponderEliminarEs verdad que en la madurez llegan los recuerdos de la infancia con tal nitidez de parecen haber sucedido ayer.
Y es un ayer, lejano , pero cercano a la vez.
Un abrazo.
Vamos forjando recuerdos con el paso del tiempo... las mariposas siguen señalando las pocas flores que se atreven a crecer a pesar del intenso calor, doy fe que las campanas siguen tañendo las horas y avisando con su lento repique que alguien se despide... no hay mulas ni norias, pero sigue el milagro manando el agua del suelo y regando los hortales! Así transcurre el verano manchego, querido paisano. Cerca de mi retiro, un cartel dice: Valdepeñas a 30 Km, siempre que lo leo, me acuerdo de ti. Abrazos
ResponderEliminarEl sueño permite transportarnos en el tiempo.
ResponderEliminarA veces me da rabia despertar cuando veo el mundo de hoy en día.
Aunque en otros paisajes, estos días estoy recordando los tiempos de mi niñez.
ResponderEliminarNAda que ver La Mancha con mi Ceuta, pero unos y otros son trozos de vida que sembraron nuestra historia y contribuyeron a que ahora seamos los niños que somos.
Unos chavalitos encantadores, como no puede ser de otra forma, Juanito.
Me parece que mi comentario no ha llegado, luego te lo mando de nuevo, ahora lo que me trae por aquí es un libro que he empezado a leer y que desde el primer renglón me recuerda a ti y a tu querida Mancha.
ResponderEliminarTienes que leerlo aunque sea en el ebook, te va a encantar, además de estar magníficamente escrito por Antonio Muñoz Molina es que se recrea en los espacios y vocabularios manchegos que recrearían tus añoranzas infantiles.
Es una maravilla, al leerlo parece que estoy hablando contigo de tu Mancha.
Léelo por favor, seguro que no te quedas dormido , ya verás.
El libro se llama "el verano de Cervantes".
Deja de leer lo que estuvieras leyendo y ponte con este maravilloso ejemplar.
Me lo agradecerás.
Desde la playa, he dejado la lectura para ponerte este mensaje que lo considero esencial , a ver si Blogger no se lo traga como el otro.
Besitos
Cuanta belleza y recuerdos de tu niñez llevas en el alma, Juan. Un abrazo.
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