Como todas las mañanas, a las 6,30 h. sonó el despertador con el acoso de
su sonido inmisericorde y
estridente. Con un gesto que más de contención pareció de rabia, hizo callar el
insoportable artefacto.
Delante del espejo, ya un poco espabilada, hizo recuento de las tareas que le esperaban, al tiempo que, mientras se enjuagaba los dientes, se acordaba de los ancestros de aquellos que daban por hecho el viejo axioma de que en verano no había noticias.
Para hoy tenía a las 7,30 horas, aeropuerto de Barajas, donde estaba prevista la llegada del último fichaje multimillonario y donde tenía la certeza de que lo único que el astro de la pelota podría articular sin ayuda, era que "se había cumplido el sueño de su vida, al fichar por el equipo al que siempre quiso pertenecer". Es decir las mismas exactas palabras que dijo al fichar por el club de procedencia.
La siguiente tarea consistía en cubrir la presentación del libro de una "celebridad" femenina de nuevo cuño, que después de pasar por un "reality show", había conseguido un puesto en el mutante escalafón de los famosos, calentando la cama de más de la mitad de ese escalafón.
Después, el redactor jefe en persona le había encargado el asistir a la conferencia de prensa de un renombrado cargo político, que ya había dejado claro en la propia convocatoria que no admitiría preguntas de los periodistas. A pesar de no entender lo que una meritoria e incisiva becaria pintaba en esa insultante pantomima, tuvo que someterse a la verborrea vacua y sin argumentos de su jefe, que no tenía las agallas de reconocerle que lo que ese político iba a decir, formaba parte de un plan previamente pactado con el propio periódico.
Naturalmente, para menoscabar la credibilidad
del partido gobernante.
Con una desusada parsimonia se acicaló con más intensidad y denuedo que en otras ocasiones. Desayunó sentada y con sosiego, mientras escuchaba a Phil Collins cantar "Another Day in Paradise". Se asomó al balcón de su pequeño apartamento compartido y disfrutó de los primeros rayos de sol de la mañana.
Guardó lo necesario en su mochila y bajó a la calle. Montó en su vieja scooter y enfiló camino del Aeropuerto de Barajas…
A pesar de su vacuidad, la mañana fue ajetreada. Tanto, que por poco llega a tiempo a la comparecencia del cargo político.
Cansada y
perpleja, escuchó sus huecas y repetidas palabras y al final, aun a sabiendas
que no se aceptaban preguntas, logró captar la atención del orador y la de sus
compañeros periodistas.
.-Señor. En la
mañana de hoy he entrevistado a un ídolo que solo tiene la cabeza para rematar
pelotitas.
A una arribista
que ha editado un libro, pese a no ser capaz de juntar dos letras seguidas y
como final he tenido que escucharle a usted lo que un compañero mío le ha
escrito.
Yo, para mi
trabajo de esta mañana, he tenido que estudiar Sociología, expresión oral y
escrita, Historia Universal, fundamentos de psicología, Instituciones jurídico-
políticas, Derecho de la información, tres idiomas (castellano, inglés y
francés).
Creo que por
ello me encuentro con derecho para preguntarle:
.-¿Quiénes son
hoy los becarios?
No obtuvo
respuesta.
A la salida
cogió su moto y se dirigió al Retiro. Mientras recolectaba los rayos de sol que
se filtraban entre las ramas de los árboles, se entretuvo en buscar en su
tablet ofertas de trabajo.
El Ángel Caído,
a su lado, parecía que con su grito de piedra, se sumaba a su rabia.






