jueves, 21 de septiembre de 2017
FE DE VIDA
No creáis que me he olvidado de vosotros. Sigo aquí , aunque me cuesta leeros y sobre todo comentaros.
Los problemas del ordenador siguen y tengo una duda existencial que me corroe: no sé si me timaron en una franquicia de ordenadores o fue directamente Windows. La única certeza que tengo es que el problema me va a costar una pasta gansa y la malsana zozobra de no poder acceder a la que viene siendo tu necesaria costumbre.
Me quedan ya poco vicios, pero este de comunicarme con vosotros, me resulta difícil abandonarlo.
Ya veremos si la próxima semana estoy con vosotros.
Abrazos y besos.
domingo, 17 de septiembre de 2017
Casa de citas. (XLIV)
Que el hecho más sencillo,
el primero y el último
del mundo, fue querernos.
( PedroSalinas)
No he querido faltar a mi cita dominical, aunque fuese de tan rudimentaria manera.
Espero que los achaques de mi ordenador, se solucionen pronto.
Hasta pronto.
Espero que los achaques de mi ordenador, se solucionen pronto.
Hasta pronto.
martes, 12 de septiembre de 2017
domingo, 10 de septiembre de 2017
miércoles, 6 de septiembre de 2017
FIN DEL VERANO
Esta mañana el mar tenía color de despedida. El sol tras hacer su
aparición en la escena con toda la parafernalia del que se sabe protagonista de
la representación, al comprobar la falta de espectadores dispuestos a rendirle
pleitesía, se ha escondido avergonzado tras una nube, negándose en redondo a
volver al escenario.
Una
mujer recorre la playa solitaria, envuelta en la tristeza que acompaña a todas
las despedidas y con la premura nerviosa del tiempo que se acaba.
Ya
no quedan corazones pintados en la arena , que se troquelaron con la intensidad
de deseos perentorios, pero que han durado menos que las promesas que daban
color al sentimiento.
Las
velas blancas se almacenan en la memoria y los barcos, abandonados de brisas,
se alinean sumisos en la arena, esperando
que otro baño de espuma salobre, les vuelva al sentido de su existencia.
Las
hamacas se apilan al refugio de sombrillas tintadas con el color pajizo de una
flor agostada.
El
chiringuito, anterior refugio de paladares resecos y oasis en medio de la arena calcinada, tiene las
sombrillas a media asta, llorando el luto del verano que se ha ido.
De
los apartamentos se han arriado las banderas coloristas de las toallas ,
dejando las fachadas cerradas a cal y canto y con una soledad de vacío y
humedad.
Los
niños que hasta hace poco construían sus sueños en la arena, se asoman hoy a la
realidad perentoria del horario preconcebido y la necesaria obligación.
En
un rincón olvidado, que solo se recordará dentro de un año, ha quedado
arrumbado el bolso de playa, contenedor de un mundo de objetos que solo tienen
sentido cuando el calor agobia y el sol se hace pintor sobre los cuerpos.
El
último libro del verano, lleva en su solapa el sello indeleble de una mancha de
aceite, que no ha logrado ponerle moreno.
Cuando algún día volvamos a releer
ese libro, unos minúsculos granitos de arena y esa mancha en la portada nos
hará saber que fue la lectura entretenida de algún verano con historia.
Cerca
del paseo marítimo un autobús desembarca matrimonios mayores a la puerta de un
hotel.
Las
arrugas de sus rostros enseñan con trazos bien marcados, la historia pasada
de soles inmisericordes y pocas brisas
marinas. Algunos, cruzan el paseo, arremangándose sus vestidos y pantalones y
corren a la orilla para que la espuma les refresque sus pies ahítos de pasos y
tropiezos, con la urgencia vicaria de las nuevas emociones.
Y
es que para algunos, hasta la aventura y la risa tienen cara de otoño.
Enfrente,
el mar eterno y rumoroso, resguarda sus prodigios a la espera de nuevas
ilusiones.
domingo, 3 de septiembre de 2017
domingo, 6 de agosto de 2017
JAZZ Y FLAMENCO
Poema, ya publicado,
recordando aquellas noches, ya lejanas, en las que cuando el sobre llegaba, no
sabía decidir entre el flamenco profundo
del Villa Rosa o el lamento negro de las notas del jazz en el Whisky Jazz Club.
El poema y el video,
quiero dedicarlo a Tracy, buena catadora de lo autentico y con la sensibilidad
suficiente para aprovechar esos casi quince minutos de quinteto de Pedro
Iturralde, que además cuenta con la guitarra de un joven Paco de Lucía.
UNA NOCHE EN EL WHISKY JAZZ CLUB
Pedro
Iturralde regalaba sonidos de ceniza.
La
noche llenaba de densos presagios negros
y
al fondo brillante de las copas,
le
nacían amargos posos de tristeza,
encharcados
en alcohol y humo de cigarros.
Las
desorbitadas miradas de los ases del jazz,
junto
a sus callados instrumentos,
adornaban
las paredes de ladrillos y recuerdos
y
viejos camareros, hacían mover la noria
con
cangilones de fuego etiquetado.
Había
una triste soledad en los silencios
y
solo el brillante sonido del saxofón,
con
su ternura viva,
presta
olor a las marchitas flores de papel
que
lloran su impostura en los viejos veladores.
Entre
ella y yo,
atravesando
las barreras del humo y la razón,
se
inicia un inconcluso dialogo de miradas furtivas,
de
palabras no pronunciadas,
de
presagios de caricias torpemente diseñadas
de
besos sin camino de ida y vuelta,
Salimos
a la noche
con
el swing pegado en los talones
y
un coro de barrenderos
consume
una triste danza de bienvenida
y
brillantes arcos de lluvia dirigida
hacen
de puente, en el colorista dialogo
de
parpadeos, suelos mojados y estrellas.
Cogidos
de la mano,
olvidamos
nuestro pulso entrecortado
que
no llega al peligro del incendio.
Se
ha roto el hechizo.
Acalladas
las notas que aceleraron los pulsos,
nos
vamos perdiendo por calles sin sentido
que
nos van llevando al desapego.
Y
aquella pasión, apenas iniciada,
se
disuelve en la noche
como
leve pavesa de desamor y tristeza.
En
el Whisky Jazz Club,
le
han puesto a los sentimientos los cerrojos.
El
saxo de Iturralde ya no sabe de caricias
y
lo mismo que nosotros,
va
perdiendo en la noche el brillo y los deseos.
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