viernes, 17 de abril de 2020

EL VIRUS



EL VIRUS

(Microrrelato)



El virus llegó, cuando el  poeta viejo trataba de escribir un poema breve:

El fugaz paso de un hombre
que quiso ser estrella
y se consumió en la nada....

Las musas, asustadas, abandonaron el recogimiento y lamentablemente, el poeta viejo no pudo seguir.


Lo malo es que el poeta viejo, que empieza  a sentirse vacío, no sabe si podrá seguir cuando el virus muera, o si las musas sabrán volver al lugar donde solían.




miércoles, 15 de abril de 2020

PREPARADO PARA VIVIR




Ahora estamos viviendo
en el repetido silencio de los días
y en la hosca realidad de noches que no acaban.

Recogemos los pocos rayos de sol
que se atreven tras la ventana,
en una rebusca de luces y libres claridades.

Vivimos,
buscando aleteos y trinos de pájaros
que parecen volar heridos de tristeza.

Estamos,
con la monotona cadencia de la lluvía
que a veces nos visita, tras llamar en los cristales.

En las noches claras, cuando se apagan los aplausos,
volvemos al balcón a ver si las estrellas vuelan
y alguna, con su pico de azules, nos alumbra.

Mientras,
avivamos los recuerdos, para que no se resquebraje
la endeble soledad del sentimiento.

La madrugada
moja sus pinceles en gotas de rocío,
para que una nueva acuarela de tedio nos alumbre.

Añoramos,
la caliente sensación, oro – espuma, de la espiga,
la irreverente neblina fresca de la ola,
los mil caminos de la rosa de los vientos,
el cielo que despierta con campanas azules,
la risa que suena sin tabiques ni distancias.


Por lo que a mi respecta,
cuando esto acabe y el arco iris recobre la sonrisa,
brindaré con una bebida de las que tengo prohibidas, 
buscaré los besos que he perdido
y me prepararé a vivir,
la poca primavera que me queda.




miércoles, 8 de abril de 2020

EXTRAÑA PRIMAVERA




                              
                              A esta primavera que hace daño
                              le faltan la alegría y el sonido
                              de pájaros callados en su nido
                              añorando su libertad de antaño.

                              En este abril, sin conocer las rosas,
                              ni el pedazo de cielo que nos toca,
                              hay un ansia de luz que  se desboca
                              caminando y contando las baldosas.

                              Tendremos que olvidarnos la tristeza,
                              y aprender a besar con la mirada,
                              demostrando el amor de otra manera.

                              De esa forma tendremos la certeza
                              que una estrella, apenas esperada,
                              nos anuncie una nueva primavera.





domingo, 5 de abril de 2020

SEMANA SANTA EN ANDALUCÍA

Lo acabo de ver y no me resisto a la tentación, aunque seguro que  me adelanto a mis amigas/os andaluces.
Perdón, pero es la manera de revivir sentimientos y recordar madrugadas.
No he podido remediarlo


MI OTRO ENTRETENIMIENTO (XlX)




El parque triste
sin la risa de niños
no hay primavera



jueves, 2 de abril de 2020

CARTA AL MAR




Me gustaría podértelo decir cara a ola, de hombre a brisa, pero como seguro sé que conoces las restricciones de la actuales circunstancias, ese placer no me está permitido.

Obviamente no caeré en la tentación,  tan en boga en estos días, de mandarte un mensaje telemático, que seguro no entenderás, ya que bastante tienes tú con descifrar cantos de sirena, música de caracolas, cabriolas de cormoranes y otras menudencias.

Quisiera que fueras tú, con tu ancestral y probada sabiduría, el que me explicases este desvarío, esta extraña venganza de los dioses. Pero me han cerrado las semanales visitas del domingo y mis ansias de libertad, no concuerdan con ese afán de eternidad que predicen tus azules.

No entiendo esta tristeza de naufragio, esta quietud de barca varada, este desconcierto de gaviotas con alas truncadas. Son ya muchos mis años y en tantas tristezas vividas, he sabido soportar muchas y variadas contingencias, penosas e incomprensibles prohibiciones, pero ninguna tan cruel y castrante, como esta de no poder saber de ti, teniéndote tan cercano.

Se me han prohibido los abrazos, el mirar de cerca los ojos de las personas que me sonríen, la visita mañanera al café donde se despejan las telarañas, el “buenos días” gratificante y candeal de la panadera, la alegría contagiosa de la cajera del supermercado y lo que es peor e inhumano, los besos de mis hijas, los “achuchones” de mis nietas.

Sé que en ti puedo encontrar aire no viciado, aventura cotidiana, libertad que no tengo, por eso quiero, ¡Oh! mar que nunca te cansas de dar soluciones, que intercedas ante Poseidón y por su intercesión  a todos los demás dioses de Olimpo, para que permitan, al menos, que pueda encontrar este verano, esa felicidad soñada de poder tumbarme en tú playa, mientras la brisa me impregna de sortilegios la piel y las caracolas inventan nuevas canciones que arrullan los oídos.

Tú eres capaz de devolvernos la alegría y además te necesitamos.
Eres lo más parecido a la eternidad que podemos encontrar en este desquiciado mundo.