Dedicado al amigo Noxeus, del que tanto
aprendo, que fue el que me dio la idea para esta “locura”.
Gracias amigo,
cambiando realidades
sentimos vida.
Perdonar la ausencia, pero me voy de
vacaciones. Espero volver con ansias renovadas, al tiempo que espero que todos
estéis aquí, para seguir dándome clases de vida y enseñanzas.
Como
ando un poco “espeso” y las musas empiezana estar revueltas, pensando en el mar, las playas y el “dolce far
niente” veraniego, permitirme que os muestre en esta entrada un pequeño librito
llamado “Trilogía del vino”, del poeta valdepeñero, Juan Alcaide Sánchez, del
que ya os he hablado en algunas ocasiones.
Los
dibujos son de Gregorio Prieto, también paisano del poeta.
A
ambos tuve la ocasión de conocerlos y del poeta aprendí, lo poco que sé sobre
poesía.
Gracias a la gentileza de Tracy que me
ha permitido “retocar” una de sus fotografías que, dicho sea de paso, por su
calidad no necesitaba ningún retoque.
De su vieja biblioteca, cada día
desaparecían más libros.
Cuando el hambre acecha, el espíritu se
achica y el ruido de las tripas, acalla todos los argumentos, hay que tomar medidas drásticas y dolorosas.
Primero fue “Cien años de soledad”, un
libro de poemas de Vicente Alexandre y “La
fiesta del chivo” de Vargas Llosa.El premio fue escaso, apenas
media hogaza, un trozo de bacalao reseco y un cuarto de aceitunas.
Otro
día malvendió un lote de libros, con ejemplares de Allan Poe, Oscar Wilde,
Bukowski y “Las flores del mal” de Baudelaire.
Recordando
una de las partes de este libro de poemas, llamada “El vino”, entró en una taberna y en dos copas,unas aceitunas y un trozo de queso, se dejó
el dinero conseguido.
Cuando
no pudo más, empaquetó los últimos libros que quedaban,(Stefan Zweig, Yukio Mishima, Virginia Wolf y “El Viejo y el mar “
de Hemingway) y consiguió venderlos.
Con
lo que le dieron, compró una soga y se suicidó.
Tenía que cambiar el cartelón que
anuncia mis escritos y entretenimientos, ya que la entrada de una nueva
estación, así lo solicita.
Y he reparado que no habría mejor
manera de hacerlo que mostrando, como en mi pueblo manchego, (Valdepeñas), hace
tiempo se ingeniaron esa manera, que podéis ver si alzáis un poco la mirada, de
protegerse con colores del fuego abrasante del verano.
A esto se le llama, “matar dos pájaros de un tiro”,pero como esta expresión nunca me gustó,
mejor diré “darle doble ración de alpiste
a los jilgueros”.