miércoles, 16 de octubre de 2019

ENTREGA




Me entrego a vosotros,
más no permitáis, por ello,
que pierda mi propia libertad.

Vengo dispuesto a rendirme
y entregarme sin armas y deseos.
Os ofreceré lo que he sido
y me doleré de no daros,
aquello que se perdió,
entre lágrimas y arrugas.

Dejadme la libertad.
Esa que me hizo equivocarme
y dar versos de ciego,
cuando sólo pretendía claridades.

Me entrego a vosotros,
sin pedir nada a cambio.
Pero no me obliguéis
a renunciar a la espiga y al vuelo,
al mar y sus auroras,
a la piel y las caricias,
al amor y sus delirios.

Me entrego como soy:
una triste amalgama
de recuerdos y nostalgias,
un viejo calendario con fechas amarillas,
la comprobada certeza
de que no existen los milagros,
la rama que se seca
sin pájaros ni nidos.

El tiempo arde y se consume
en esta hoguera de dentro
que la lluvia de mi otoño no apaga.

¡Aceptarme!


martes, 15 de octubre de 2019

LOS JUBILADOS Y LAS OBRAS






Eran otros tiempos.

Ahora los jubilados, se entretienen con sus teléfonos móviles mandando mensajes, escuchando la radio, o cuidando de sus nietos en los juegos infantiles.

Eran los tiempos de los bancos al sol o bajo los árboles y el seguimiento de las obras que se acometían en el pueblo.

Los jubilados de la vieja fotografía que os muestro, hicieron todos los comentarios y premoniciones acerca de la obra que justo se empezaba a ejecutar.

No eran obras particulares, ya que el cartel que las anunciaba, solo hablaba de obras promovidas por el Ayuntamiento, con la colaboración de la Diputación y alguna ayuda europea.

Uno aseguraba que sería un nuevo ayuntamiento, otro que había oído de alguien, amigo de un concejal, que serían un Hogar para los jubilados, y otro, seguro de conocer la verdad, se apostaba unos cafés, a que sería una Biblioteca.

Pasaron algunas semanas y en sus diarias visitas notaron que las obras no funcionaban. Las grúas parecían satisfechas de tantos bocados, mientras hacían la digestión, paradas en  una esquina de los terrenos.

Unos ridículos pilares de cemento de los que asomaban unas negras nervaduras de hierro, dormían dispuestos a sostener la amarga realidad de unos sueños inconclusos.

Entre tanto, hubo unas elecciones, cambió el partido que sustentaba el Ayuntamiento y esa crisis económica que, cíclicamente, siempre ataca a los mismos, se cebó con aquel pueblo.

Alguno de aquellos jubilados de la foto, es seguro que ya no existen.

Ni ellos ni nosotros, sabremos nunca que se iba a edificar en esos terrenos que ahora solo sirven para que el agua de lluvia se estanque y la maleza se haga aún más precisable en ese pueblo, que como muchos otros, parecen que nunca pueden llegar a ser felices, les mande quién les mande.




domingo, 13 de octubre de 2019

LAS ESCARAMUZAS DEL ABUELO (Vl)



También pasaron poetas por “La Quintería”. Poetas que quisieron dejar su firma en este libro del que os vengo hablando desde hace unas semanas.

Quiero citar en primer lugar a Pedro Gómez Cornejo Delgado, poeta nacido en Valdepeñas y con el que me unía una buena amistad, ya que desde jóvenes ambos compartíamos la pasión por la poesía.

Con este nombre, publicó su primer  libro “En un vértice agudo y penetrante”, en 1969, donde ya dio el primer aldabonazo de lo que después sería su trayectoria poética. En su dedicatoria del libro recién publicado firmaba: “A Juanito buen compañero en este doloroso y al mismo tiempo misterioso y sorprendente camino de la poesía, con toda mi amistad”.

Como es natural y debido a esa amistad, era cliente diario de “La Quintería” y en su libro de visitas dejó su autógrafo.



Después, nuestros caminos se separaron y nos perdimos la pista.
En uno de mis últimos viajes a Valdepeñas, me enteré que residía en Zaragoza y que había publicado varios libros de poemas con el nombre de Alonso Cordel.

Pude hacerme con un ejemplar de “De perdido lugar”, Antología poética (1969-2005), donde comprobé que aquello primerizos poemas, que podían escribirse en una servilleta, entre chato y chato, tenían ya la madurez de un vino reposado y la enjundia de una poética que ya alumbraba una personalidad arrolladora y distinta.

Ángel Crespo Pérez de Madrid, también manchego, (Alcolea de Calatrava), poeta, traductor, ensayista, crítico de arte, profesor y licenciado en Derecho.
Un hombre con permanente curiosidad intelectual que le llevo a conocer otros idiomas y otras culturas.
Amigo de Juan Alcaide, de Carlos Edmundo de Ory y de Francisco Nieva y gracias a ellos descubre y se abraza al “postismo”, esa nueva corriente, que pretendía ser una especie de recopilación de todos los “ismos” anteriores.
En 1.967 se traslada a Puerto Rico, hastiado por los límites impuestos a la creación, por la política y la cultura del momento.
Tras su  vuelta a España, fija su residencia en Barcelona, donde trabaja en la Universidad, siendo nombrado Profesor Emérito de la Universidad Pompeu Fabra.

Sus traducciones del italiano, portugués, (fue el primero que tradujo a Fernando Pessoa), y francés, lo llevaron a la concesión del Premio Nacional de Traducción en 1984.

En el autógrafo que firma junto al periodista y crítico de Arte Juan José Miguel y la esposa del poeta Madrilley de Crespo, nos habla de sentir Valdepeñas, como suya.



Otro de los poetas que nos visitó fue Luís López Anglada. Militar en el bando nacional, y herido en la guerra fue un poeta aclamado y premiado por el Régimen, llegando a ser Premio Nacional de Literatura en el año 1961, por su libro “Contemplación  de España”. No llegué a profundizar en su poesía, dadas sus posiciones ideológicas, pero la impresión que me dio en su visita es que era un “bon vivant”, seguramente por su aspecto, y un hombre agradable y simpático.




En su autógrafo firma: “Valdepeñas, Quintería/ Un vaso de bon vino/ ¡Y poesía!”



jueves, 10 de octubre de 2019

SI SÉ LO QUE SIENTO.




Hace unos pocos días se han cumplido los 58 años de mi matrimonio.
Con ese motivo, escribí este soneto que ahora os enseño



SI SÉ LO QUE SIENTO



Me quedo donde siempre, en tu mirada,
en el suave sonido de tu risa,
en el murmullo certero que me avisa
de saberte por siempre enamorada.

Me quedo con tu vida y con mi vida,
con este amor que ambos encendimos
con los bellos momentos que vivimos
y tantas ilusiones compartidas.

Quererte a ti, que todo no fue en vano,
que la vida ha marcado su camino,
con besos, caricias y azucenas.

Que el amor dura más que los veranos,
que tiene  la certeza del destino
y no sabe de cantos de sirenas.



martes, 8 de octubre de 2019

ADIÓS AL TIEMPO DEL VERANO




El tiempo del verano se va alejando lentamente escondiéndose entre los pliegues de las tardes que se hacen más cortas y soportables.

Vuelven los hábitos perdidos y es tiempo de recuerdos y de imágenes que no volverán a repetirse hasta el próximo año.

Mi playa sigue estando en el mismo sitio, pero ya no se acicala con risas de niños y cuerpos morenos. Las velas blancas se almacenan en la memoria y las barcas se quedan desnudas de brisas, alineando su tristeza varadas en la arena.

Las hamacas se apilan a la sombra de sombrillas tintadas con el color pajizo de una flor agostada.

Debajo de esas mismas sombrillas, hace nada yo era feliz mirando el horizonte o leyendo las novelas previstas para los días interminables.

Y por las noches, cuando la oscuridad se hacía irrespirable, el regalo de la buena música, me  salvaba de sudores y desvelos, llenando las horas de bellos sonidos.

Mi playa sigue estando cercana, pero las olas no vienen acompañadas de cantos de sirenas que incitan al frescor salado de la espuma.

Estoy de acuerdo con los que dicen que es ahora cuando se  disfruta del mar y de la playa, pero no deja de tener encanto el bullicio, muchas veces excesivamente ruidoso, de los que no tienen la suerte de disfrutarlo con la asiduidad de los lugareños.

Para mí es un espectáculo, observar a los que pasean por la orilla, mientras en mi móvil suena la orquesta de Count Bassie y mi mujer se enfada por no contestar a su último comentario, enfrascado como estoy con el swing luminoso de “Midnite Blue”.

Y lo que es verdaderamente irrepetible, es el conseguir un banco en el paseo marítimo, cuando empieza a anochecer y escuchar retazos de conversaciones, con las que una mente calenturienta puede pergeñar multitud de historias que seguro  en algunas ocasiones tendrían mucho de reales. Alguien me podría tachar de “marujón”, pero asumo mi defensa ateniéndome a lo que dice Azorín: “la vejez es la perdida de la curiosidad”. No quiero parecer viejo.

Me gusta la playa de septiembre y octubre porque es más íntima y recoleta, pero no tiene el latido nervioso y acuciante de la vida. Como en casi todas las cosas, también prefiero compartir la belleza y me resigno alegremente a “socializar” el disfrute del verano.



domingo, 6 de octubre de 2019

LAS ESCARAMUZAS DEL ABUELO (V)


Os quiero hablar hoy de dos artistas reconocidos, dos verdaderos mitos de una época pasada y dos formas diferentes de comportamientos y formas de ser.

Nada más entrar por la puerta de “La Quintería”, el primero de ellos, lo primero que hice fue avisar a mi padre.

Sabía que no me perdonaría el haber pasado por su establecimiento, sin su conocimiento, su ídolo flamenco más preciado: Pepe Marchena.

Después de los saludos, el arremolinamiento de los que lo conocieron y una larga conversación sobre el flamenco, con algún cante “por lo bajini”, saqué el libro de firmas, con el fin de solicitarle la suya.

No pareció gustarle mucho la petición y solo accedió a que se llevaría el libro de firmas al hotel, y lo devolvería al día siguiente con su autógrafo.

Al tratar de exponer que no era esa la costumbre, mi padre, (donde hay patrón no manda marinero), cortó por lo sano accediendo a la petición.

Bien es cierto, que a la mañana siguiente, el propio “cantaor”, con una gran bufanda, tapando la garganta y la boca, se presentó en persona a entregarme el libro de firmas.

Me abstengo de repetir el “trabajo” de su autógrafo, ya que podéis leerlo perfectamente, en la foto que acompaño.




Por aquellas fechas, tuve la enorme suerte de conocer, al simpar Antonio Machín.

Mi primera impresión fue que me pareció más alto de lo que yo intuía. Vestía impecablemente, con un abrigo y un pañuelo al cuello y una sonrisa que no borró de su cara durante el tiempo de su visita. Recuerdo su conversación fluida, con ese acento caribeño y un cierto ceceo sevillano, que subyugaba.

Alguien, tuvo la feliz ocurrencia de poner una moneda en el tocadiscos, he hizo sonar una canción suya.
Recuerdo que me pidió, si podía saludar al que había tenido la ocurrencia. Y así lo hizo, con una educación exquisita.

Luego supe, que Sevilla era su segunda patria. Y lo supe una de las veces que estuve en su Semana Santa y oí una marcha en la procesión de “Los Negritos”, con las primeras notas de “Angelitos Negros”.

No en vano un hermano suyo, Juan Gualberto, llegó a Sevilla desde Cuba y al poco fue tan sevillano, que se hizo del Betis y fue hermano de la cofradía de “Los Negritos”, una de las más antiguas Hermandades de Sevilla, llamada así, porque al principio estuvo integrada por personas de color de la ciudad.

Antonio Machín, también fue hermano de esta cofradía y tiene una estatua frente a la Capilla y Casa de Hermandad de “Los Negritos”.



Otra cosa que me impresionó, del gran cantante cubano/español, fue su caligrafía.



Podéis comprobarlo. Aquí también me ahorro la explicación del autógrafo, pero por otros motivos.





martes, 1 de octubre de 2019

LOCURAS DE LA ANDALUCÍA QUE AÑORO


CÁDIZ

El mar me toca el hombro en cada esquina,
a mí, que vengo del surco y del arado,
y en cada esquina hay que tener cuidado
de ese golpe de sol que te ilumina.

Decir Cádiz, es nombrar poesía,
esa fenicia guapa y alcahueta,
que vive entre La Viña y La Caleta
y que rima pasión y algarabía.

Decir Cádiz es nombrar la gracia,
la libertad, el sentimiento y la armonía,
saber que si  pierdo una sonrisa
es seguro que allí la encontraría.

CÓRDOBA

Deja que me cuente el río,
que a tus piedras enamora
y que ciñe tu cintura,
de mujer romana y mora,
que secretos tiene la luna
para que un Guadalquivir de besos,
se rinda ante tu hermosura.

Deja que me cuente el río,
el milagro de saber
que nunca pasan los años
en las cosas del querer.

GRANADA

Un gitano enamorado,
en  noche  de cante y palmas,
se olvida de los “señores”

y por su brillo, encelado,
consigue robar  la luna,
para esconderla en la Alhambra.

Entre mirtos y arrayanes
y  rumores de las fuentes
el amor se vuelve humano.

En nueve meses la luna,
le da a las estrellas hermanos:
En la noche de Granada,
!!! Cuatro luceros gitanos!!!

JAÉN

El rocío en los olivos,
roba al verde la mañana,
y en la loma de los surcos,
con su fría filigrana,
la escarcha blanquea la tierra
donde el labrador se afana.

Ya no nos queda un Alberti,
que grite tus desventuras.
Sudor o frío en las manos,
esa vieja asignatura,
de que pase lo que pase
las ganancias para el amo,
cada año son seguras.

MÁLAGA


En mi jabega soñada,
sigo tirando la red,
para ver de qué manera
puedo a Málaga volver.

Se pregunta una palmera
que se mece en la Alcazaba,
que sería de los cardos
si no tuvieran biznagas.

Con un “espetón” de luces
y una brisa ligera
habría que inventarse Málaga
si Málaga no existiera.


SEVILLA

Cuando digo emoción, digo Sevilla,
si nombro la gracia, digo Triana,
que el puente se convierte en filigrana
y todo en una eterna maravilla.

Abril, se hace rosal y primavera
y los patios perfume y colorido,
que por siempre he tenido por sabido,
que la luz siempre fue su compañera.

Guadalquivir de brisa y esmeralda
que añora la aridez de mi molino,
quiero llenar la copa con mi vino
y brindar con amor por la Giralda.


Adelantándome  a los posibles comentarios, ya sé que faltan dos, pero no suelo escribir de oídas y en esas dos no he vivido y sentido lo suficiente, como para poder escribir de ellas. Espero que sepáis perdonarme.