CÁDIZ
El
mar me toca el hombro en cada esquina,
a
mí, que vengo del surco y del arado,
y
en cada esquina hay que tener cuidado
de
ese golpe de sol que te ilumina.
Decir
Cádiz, es nombrar poesía,
esa
fenicia guapa y alcahueta,
que
vive entre La Viña y La Caleta
y
que rima pasión y algarabía.
Decir
Cádiz es nombrar la gracia,
la
libertad, el sentimiento y la armonía,
saber
que si pierdo una sonrisa
es
seguro que allí la encontraría.
CÓRDOBA
Deja
que me cuente el río,
que
a tus piedras enamora
y
que ciñe tu cintura,
de
mujer romana y mora,
que
secretos tiene la luna
para
que un Guadalquivir de besos,
se
rinda ante tu hermosura.
Deja
que me cuente el río,
el
milagro de saber
que
nunca pasan los años
en
las cosas del querer.
GRANADA
Un
gitano enamorado,
en noche
de cante y palmas,
se
olvida de los “señores”
y
por su brillo, encelado,
consigue
robar la luna,
para
esconderla en la Alhambra.
Entre
mirtos y arrayanes
y rumores de las fuentes
el
amor se vuelve humano.
En
nueve meses la luna,
le
da a las estrellas hermanos:
En
la noche de Granada,
!!!
Cuatro luceros gitanos!!!
JAÉN
El
rocío en los olivos,
roba
al verde la mañana,
y
en la loma de los surcos,
con
su fría filigrana,
la
escarcha blanquea la tierra
donde
el labrador se afana.
Ya
no nos queda un Alberti,
que
grite tus desventuras.
Sudor
o frío en las manos,
esa
vieja asignatura,
de
que pase lo que pase
las
ganancias para el amo,
cada
año son seguras.
MÁLAGA
En mi jabega soñada,
sigo tirando la red,
para ver de qué manera
puedo a Málaga volver.
Se pregunta una
palmera
que se mece en la
Alcazaba,
que sería de los
cardos
si no tuvieran
biznagas.
Con un “espetón” de
luces
y una brisa ligera
habría que inventarse
Málaga
si Málaga no
existiera.
SEVILLA
Cuando digo emoción, digo Sevilla,
si nombro la gracia, digo Triana,
que el puente se convierte en filigrana
y todo en una eterna maravilla.
Abril, se hace rosal y primavera
y los patios perfume y colorido,
que por siempre he tenido por sabido,
que la luz siempre fue su compañera.
Guadalquivir de brisa y esmeralda
que añora la aridez de mi molino,
quiero llenar la copa con mi vino
y brindar con amor por la Giralda.
Adelantándome
a los posibles comentarios, ya sé que faltan dos, pero no suelo escribir
de oídas y en esas dos no he vivido y sentido lo suficiente, como para poder
escribir de ellas. Espero que sepáis perdonarme.