domingo, 29 de enero de 2017
domingo, 22 de enero de 2017
viernes, 20 de enero de 2017
VEJEZ Y SUS SINTOMAS.
Está visto que el invierno me está pasando factura. Llevo unos días fastidiado por culpa de la espalda. Y parece ser que no es bueno pasar muchas horas delante del ordenador. Ya se sabe el remedio, calor en la zona afectada, algun Nolotil, sopitas y al rincón.
No os extrañéis, por tanto, por mi falta. Hasta que esto mejore un poco, solo mantendré mi "Casa de Citas", dominical.
Trataré de leeros, pero no os prometo comentarios. Estoy tan acostumbrado al PC, que para lo demás soy un verdadero "manazas" y no sabría ni como plasmar mis sentimientos en la tablet o en el móvil.
Espero que pronto volveré donde solía.
Gracias de corazón, si estáis en verdad dispuestos a esperarme.
miércoles, 18 de enero de 2017
A MI AMIGO ELOY, QUE YA NO ESTÁ.
Ayer, cuando de verdad empecé a
sentir el frío, de este invierno que inexorablemente me rodea, despedí por
última vez a mi amigo Eloy.
Sus hijas, me pidieron que hiciera
un pequeño panegírico para que alguien lo leyera,-yo no podría por mor de estas
lágrimas que aun no he conseguido secar-, en el acto de despedida.
Pobre escrito, para todo lo que en
verdad mi alma, recuerda, agradece y le debe, a este hombre de bien, que si
algo supo, en verdad, fue vivir.
Hay días que después
de enjuagarte la boca, queda sabor de ceniza, a pesar de que el primer sol del
alba venga con olor de claridades.
Hay días en el que las
guitarras ponen los trastes a media asta y arpegios de tristeza se hacen
“quejíos” de pena.
Días como este en el
que tú, Eloy, compadre, amigo, compañero de noches y testigo de viejas
añoranzas, decides dejar este mundo que se te queda corto.
Harto de escuchar
alondras que nos traigan el leve grano de nuevas emociones, harto de buscar
sueños nuevos que huelan a jazmines, harto de tanta “solea” que no deja de ser
grito que rompe los cristales, te has querido empadronar en ese sitio donde
solo habitan los “cabales”.
Y nos dejas, solos, sin
el norte de tu palabra, sin la brújula de tus recuerdos, sin la gracia de tu
memoria, con esta tristeza donde estallan las lágrimas y empiezan a perder
colores todos los arcos iris.
A pesar de todo, hoy
quiero recordarte, recordarme, conforme éramos en una tarde de domingo, de
cuando todavía no pesaban los años.
El café, la copa de
Anís del Mono y el calor de la amistad, en el viejo bar donde para mí, empezó
todo.
Me quedo con nuestra
risa de entonces, en la que no cabían ni tapujos ni trapisondas.
Me quedo con tu eterna
lección de amistad, con tu generosidad con todos los que conocías, con esa
ayuda siempre presta sin pedir nada a cambio.
En los viejos
anaqueles del tiempo del olvido, quedarán tus discos y tus libros, seguramente
olvidados, pero orgullosos de saber que te enseñaron que la vida está hecha de
amor y soledades, de pasión y esperanza, de sonrisas y desprendimiento.
Me queda la certeza de
que allí donde vayas, habrá un jardín arcadio, donde cada flor tendrá su
verdadero aroma, cada canto de ave su particular arpegio, las nubes solo
hablaran de amor, lejos de la triste soledad de los cipreses.
Para el que esto
escribe, “compadre”, amigo, compañero, solo le queda recoger un rastro de
suspiros que se amasan en lágrimas, precursor de tu definitiva ausencia.
Amigo Eloy, hermano
Eloy, estas son las palabras que nunca hubiese querido escribir, pero un deber
de amistad, admiración y gratitud, me obligan.
domingo, 15 de enero de 2017
jueves, 12 de enero de 2017
EN LOS 81 AÑOS QUE HOY CUMPLO
Mis años,
son como una hilera
de trabajadoras hormigas negras
que ya no saben de trienios.
Mi partida de nacimiento
se perdió un mal día de invierno,
llevándose consigo un puñado de sueños.
Quizás por ello a veces se me olvida
el día que me nacieron.
Son ya tantos los dígitos
que he acabado por no creerme
ni a los hombres del tiempo,
ni a las historias de los abuelos.
A los primeros los he cambiado por mis huesos
y las historia a mis nietos
se encuentran mejoradas en el Google.
Como dijo alguien a quien admiro,
“empiezo a ser mi propio antepasado”.
Cuando ya ha pasado la edad de la esperanza,
me tengo que conformar con los recuerdos,
aun sabiendo que muchas veces duelen.
Me aferro a ellos,
porque son la demostración de haber vivido
y que algunos justifican el no haber nacido en
vano.
Cada vez me cuesta más trabajo,
pero me afano en cada madrugada
en saber componer una sonrisa.
Se la voy robando al mar,
al sol que nace
y a esa alondra mañanera
que aun me canta en las entrañas.
12 Enero 2017
domingo, 8 de enero de 2017
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