No sé si las primeras canciones que debí
escuchar son las de alguna nana que me cantase mi madre, pero si tengo
recuerdos, primeros recuerdos, de los discos dedicados de Radio Andorra, con boleros
de Antonio Machín o Bonet de San Pedro o Lorenzo González y cuplés de Concha Piquer y Juanito
Valderrama.
Con ellos
aprendí que en apenas tres minutos pueden contarse bellas o tristes historias,
para las que un autor de bets seller necesitaría 500 páginas.
Cuando me fui
haciendo mayor, pude comprobar que en
aquellos tiempos de moral de cilicio y candado, había que ponerle imaginación a
los asuntos del amor y el mejor compañero para esas necesarias ansiedades era
el bolero.
Nunca
agradeceré lo suficiente, primero al músico y sastre cubano José Sánchez que en
1883 compuso el primer bolero conocido, al que llamó “Tristezas” y después al Lecuona de “Siboney”, al Carmelo Larrea de “Dos cruces”, al Agustí Lara de “Solamente una vez”, a la María Grever de “Cuando vuelva a tu lado”, al Miguel Matamoros de “Lágrimas negras”, al Armando Manzanero
de “Te extraño”, las facilidades que
me dieron para que gracias a su magia, pudiera saber que aquella chica de
cabellos rubios y ojos azules también temblaba, cuando se sentía cogida de la
cintura, mientras en su oído, junto al
calor de una respiración entrecortada, escuchaba:
Tu destino es como el mío,
si eres vela yo soy
viento,
si eres cauce yo soy
rio,
si eres llaga yo
lamento.
Nadie habló de enamorarnos
pero Dios así lo quiso
y tan solo de tratarnos
hemos hecho un
compromiso.
Después,
podrían venir las reprimendas negras y truculentas del defensor de la moral,
plagadas de los peores presagios para el alma y el cuerpo, pero ya la suerte
estaba echada:
Es más fuerte que yo,
que mi vida,
mi credo y mi sino.
Es más fuerte
que todo el respeto
y el miedo hacia Dios.
Aunque sea pecado
te quiero, te quiero lo
mismo,
porque a veces de tanto
quererte,
me olvido de Dios.
Bécquer, Amado
Nervo, Rubén Darío podrían ser perfectos letristas de boleros y seguramente algunos
versos de estos poetas están esperando que un músico cubano, o portorriqueño, o
chileno, o argentino, o mexicano le ponga la música necesaria.
El bolero, como
toda la literatura popular habla de amores, de fracasos, de fatalidades, de
desamor, es decir habla de la cara eterna del romanticismo. Por ello se enrosca
en los recuerdos y nos hace vibrar con los amores felices o con aquellos que le
dan más consistencia a la historia por mor de su fracaso.
Estoy
convencido de que todos los que somos de una cierta edad tenemos nuestro
bolero, ese que creemos escrito para aquel amor que no pudo ser, o para el que
aun seguimos bailando juntos, aunque los años pongan “lagrimas negras” a los recuerdos.
Perdonadme esta
hemorragia de nostalgia, pero ahora que solo entiendo el bolero como la
transcripción exacta de los sentimientos acompañados de una música que nos
mueve al abrazo, ahora que no tengo que utilizarlo como celestina, como en mis
años mozos, dejadme que yo también afirme lo que alguien sabiamente dejó
escrito: “el bolero es una puerta de
entrada al alma”.
Os dejo un
ejemplo: he tenido serias dudas a la hora de elegir entre Olga Guillot y Beny
Moré. Al final me he decidido por el último, sin duda el mejor cantante
masculino de boleros.
Un consejo:
si tenéis a mano a la persona amada, bailarlo. Si no, disfrutar, sentir,
recordar que siempre es posible que el amor nos llame.






