Agustín Úbeda, otro
prominente pintor manchego, nacido en Herencia (Ciudad Real), en el año 1.925 y
fallecido en Madrid en el año 2.007.
Su reconocida obra se
encuentra además de en Valdepeñas, en el Museo de Arte contemporáneo de Madrid,
de San Diego en California, en La Villa de París, de Ginebra, en el Oklahoma Home Center y en Los Ángeles,
entre otros muchos.
A pesar de que cuando
lo conocí personalmente el me superaba en edad, intimamos bastante y todo
porque en la conversación que mantuvimos supimos que ambos habíamos tenido el
mismo primer maestro, que por avatares de los convulsos momentos de la época,
había ejercido en nuestros respectivos pueblos.
Pude comprobar que al
tiempo que un gran pintor era un hombre amable y sencillo, pero lleno de
inquietudes.
Discípulo de Vázquez
Díaz en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, también se graduó en la
Escuela de París, gracias a una beca del Instituto Francés y de la Fundación
Juan March.
Su pintura ofrece un
barroquismo lírico, no exento de un cierto quehacer irónico y desenfadado,
donde se comprueba las influencias de Chagall y Picasso.
Del primer cuadro que
tengo en mente de la primeras Exposiciones en Valdepeñas, es de este que os
muestro y del que solo recuerdo que los visitantes les dio por llamar “El Gayo Kirico”, seguro que recordando
el famoso cuento de ese nombre.
Es posible que este
fuera el premio Molino de Oro de la Exposición de 1.960, pero no puedo
confirmarlo.
También fue premiado
en el año 1.967 con la Pámpana de Oro por “Cuando
se va la tarde”.
En 1.969 por “Boda Forzada”.
Y en 1.980 por su
cuadro “Ella terminó siendo la más
celebre”.
Recuerdo que con el
dibujo con el que estampó su firma en el libro de Visitas de “La Quintería”,
pude comprobar la facilidad con la que un artista es capaz de plasmar con un
sugerente y único trazo lo que su mente le ordena.














