Quisiera ponerle
“swing” a estos tiempos convulsos y que un viejo “saxo” nos enseñara, que los
besos son la mejor panacea y que cuando se dan durante una galaxia de sonidos
que alumbran temblores, resuelven todos los problemas.
Que sin ritmo, nos acucian
los fracasos y que cuando la música sonando, se pierde en los sumideros de la
noche, suele alumbrar mejores madrugadas.
Que en las sombrías
tardes que nos acechan, al rescoldo de los sonidos oscuros de Jhon Coltrane, se
está más calentito y los latidos se serenan.
Es bien sabido, que
cuando alguien pierde estrellas o lunas, un pentagrama de luces, ayudan a
encontrarlas y encontrarse.
Que hay un volar de
pájaros que surcan el aire enrarecido, cundo un saxofonista le saca sonidos
viejos, a su entrañable instrumento.
Buscar el eco de los
sentimientos, es la notable tarea que podemos aprender, de este viejo Orfeo que
nos demuestra, que en la buena música, se esconde el secreto de todas las
verdades.






