jueves, 16 de noviembre de 2023

DESEO


                                                                               

Me gustaría descifrar

la sonora voz del aire.

Conjugar el tiempo de los vientos.

Saber de la etimología de las nubes.

Escribir con tinta de luceros,

para rubricar con ansias

de blancas claridades,

el definitivo poema

que nos lleve a la esperanza.

 

domingo, 12 de noviembre de 2023

IDILIO


 Se conocieron a través de Tinder, comenzando, (como empiezan todos estas redes de contactos), con medías verdades y alguna mentira, para dar realce a los currículos.

La fotografía presentada, (que con esto de la I.A, ha progresado mucho), tampoco ayudaba al conocimiento y ambos, sabedores de estos juegos admitidos, decidieron por fin conocerse, para lo que se citaron en una céntrica cafetería.

El muchacho, a pesar de ser jueves, obligó a su madre a plancharle el pantalón y la camisa de los domingos, olvidando que esta, la echaba la bronca cada semana, por no cambiarse siquiera con las prendas más íntimas.

Cuando al final le dijo que había quedado con una chica, logró la sonrisa de su madre y su colaboración más incondicional.

Por su parte, la chica no gastó mucho tiempo ante el espejo: retocó algunos brillos indeseados, lubrico las partes más secas de su organismo, se puso el extraño traje de todos los días y se dirigió, con medida y milimétrica puntualidad, a la cafetería donde habían quedado.

Un cuarto de hora después, el muchacho llegó a la cafetería. Nervioso, miró en las mesas y en la barra, buscando, ansioso, a una chica que portara una flor roja. No la encontró.

Preguntó a un barman de la barra, que no supo contestarle. Al oírlo, la persona que estaba a su lado se dio la vuelta.

De su pecho, empezó a brillar una rosa roja intermitente y brillante, que terminó por apagarse cuando ella apretó un pequeño botón de su extraña vestimenta.

Un poco nervioso, el galán preguntó:

.-¿Eres AlienTa Suspiros?

.- Sí. La chica que esperas.

.- Soy Antonio Gómez, contestó el mozo.

Una vez presentados, se dirigieron a una mesa, esperando la llegada de un camarero.

Nervioso, él preguntó:

.-¿Qué vas a pedir?

.- Un coctel con bastante alcohol y mucho aceite, hoy estoy fatal de las articulaciones.

El, se conformó con una cerveza de grifo.

Durante la conversación, hubo un momento en que se tocaron las manos y a Antonio le extraño la frialdad corporal de su pareja.

Además, le costaba entender el sonido metálico de su voz, cada vez que susurraba una palabra. Pensó en preguntar, pero su pareja no le dio tiempo.

.-Camarero, por favor, otro coctel como el anterior.

Después de dos horas, tras quedar para otro día, se despidieron, cerca de la casa de ella, con un tímido y frío beso.

El bueno de Antonio, no volvió.

Ante la escasa donosura de la nómina de su precario trabajo y el precio del aceite, no estaba dispuesto a pagar más extraños brebajes, ni a soportar la fría y mecánica presencia de su extraña cita.

 




jueves, 9 de noviembre de 2023

ME PREGUNTO: ¿QUIÉN SOY?

A pesar de latidos y calendarios,

me sigo haciendo una pregunta:

¿Quién soy?

 

Solo puedo responderme

que no soy lo que quería.

 

No pude crecer lo suficiente,

para tocar las estrellas con la mano.

No supe darle brillo a las palabras,

para que alumbraran los olimpos.

Ni pude conseguir que los abrazos,

fueran de obligada convivencia.

Ni que la risa se estudiase en curso obligatorio,

suspendiendo las demás asignaturas

si no se aprobaba la alegría.

 

No supe encontrar el color definitivo,

el pigmento cabal que nos iguale.

El que permita que saltemos las fronteras

y equilibre la verdad de las despensas.

No supe encontrar la armonía necesaria

para evitar el naufragio de los sueños,

ni aprendí a cambiar nostalgia por futuro.

Me olvidé de leer los epitafios

de los que fueron vencidos por la pena,

atendiendo, risueño, las fanfarrias

que anuncian el desfile de los héroes.

 

¿Quién soy?

 

Ahora me respondo:,

Soy:

La negra tiniebla de la duda,

la historia inconclusa del deseo,

que pretende cambiar el mundo

balbuceando palabras sin sentido.


domingo, 5 de noviembre de 2023

ASÍ QUE PASEN TREINTA AÑOS


 

Hace unos días, escuchando la televisión, en un largo y tedioso espacio de publicidad, escuche una música que me hizo levantar la cabeza y prestarle atención a un anuncio de pastas italianas.

Cuando quise poner en marcha Shazam, para que identificase la canción y poderla guardarla en su biblioteca…

(Por cierto: ¿sabéis que Shazam, es el acrónimo de los dioses Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio? Poderío de marketing, que no falte).

…el caso es, que el espacio dedicado al anuncio era tan corto, que no me dejaba tiempo para shazanear.

Me obsesioné con la música, porque en lo más hondo de mi subconsciente, algo me decía que ya la había escuchado y quería revivir los momentos que aquella canción me traían al recuerdo.

Tras varios infructuosos intentos, pude comprobar que se trataba de la canción “Vorrei che fossa amore”  cantada por Mina.

Recuerdo que la oí, por vez primera, hace más de 30 años, en la 1 de Televisión Española, en un programa comandado por Laura Valenzuela y Joaquín Prat, naturalmente en blanco y negro.

Yo debería tener 32 años, (quién los pillara), y ya tenía una hija y la otra debería venir por esas fechas: ¿estaría mi mujer embarazada, cuando-seguro- la escuchamos los dos a la vez?

A pesar de la guerra de Vietnam, a pesar del Mayo Francés, del primer asesinato de ETA, de la matanza de la Plaza de las Tres Culturas y otras aberraciones, que el paso del tiempo, ha venido a demostrar que no se solucionan, a pesar de todo ello digo, yo debía ser feliz.

Permitirme otra consideración: el cerebro humano es muy inteligente: además de selectivo en el tiempo de los recuerdos, (hay días que no recuerdo lo que cené la noche anterior), también se ocupa de borrar los malos y resaltar los buenos.

A pesar de ser una canción que habla del amor no conseguido, a pesar de ese, ojalá fuese amor, la canción, que he vuelto a escuchar, no dejo de tararearla a cada instante.

La interpretación de Mina es admirable.

Sí, ya sé que son otros tiempos, que la música ha cambiado, que son otros los estilos, que es música trasnochada, que…

No pretendo aleccionar a nadie, para mí es suficiente, si los recuerdos que me trae la canción, sirven para enmarcar la felicidad de una época de mi vida.

Me debéis perdonar, pero mi cerebro no es un ordenador, que todo lo guarda y selecciona, pero este ataque de nostalgia, esta especie de añoranza de tiempos vividos, puede que no sea real, pero me transporta a un pasado al que siempre recordaré con felicidad.

Os dejo la canción, con mi esperanza de que os guste tanto como a mí.

Si no os trae bellos recuerdos, buscar aquella que os hace felices, que seguro existe en vuestro subconsciente.

Merece la pena.

 


miércoles, 1 de noviembre de 2023

DÍA DE DIFUNTOS


 

En más de treinta años, este era el primero en el que el actor Ildefonso Moran, iba a faltar a la cita.

Tumbado en un camastro de una triste fonda manchega, soportaba los ruidos y retortijones producidos, según le había comentado el médico que le había visitado, por la ingesta de una extraña e insulsa crema que llevaba calabaza en mal estado.

El resto del menguado elenco de su compañía, sufría los mismos dolorosos y malolientes síntomas, motivo por el cual la representación programada no podía darse.

En más de treinta años era la primera vez que el actor Ildefonso Moran, en un día de los difuntos, no iba a representar el “Don Juan Tenorio” de Zorrilla.

Todo había cambiado, desde que se iniciara en el noble arte de recorrer caminos, llevando el teatrillo de la antigua farsa por todos los rincones del mapa de España.

De este mismo pueblo donde ahora estaba, recordó como en la posada, donde solían pernoctar, eran agasajados después de la función con unas buenas migas con torreznos y chorizo. Recordaba las chuletas de cordero con pisto, regadas con buen vino que solían comer el día de la llegada al pueblo, invitados por las “fuerzas vivas”, en la bodega del alcalde.

Todo había cambiado: ahora le habían puesto en el comedor de la pensión como plato importante, una crema de calabaza, seguramente transgénica, y unos famélicos trozos de pollo rebozados, anunciados en la carta con el pomposo nombre de “nuggets”. Para más “inri”, había visto como el galán joven de la compañía, recientemente incorporado, había remojado estos alimentos con una lata de coca cola, despreciando lo único potable  y auténtico de la comida: un poderoso vino tinto recién trasegado y desprovisto de cualquier mixtura química.

A pesar de su desasosiego y a pesar de los dolores intestinales, no tuvo más remedio que sonreír.

Recordó como ese deseo recurrente en todos los “cómicos” de desearse “mucha mierda”, en esta ocasión no había servido para nada.

Por primera vez en treinta años no podría requebrar a doña Inés, que por cierto ahora perdía toda su monacal dignidad, en el retrete de una vieja pensión de una pequeña villa manchega.

Seguramente enfebrecido, tuvo unos sueños desagradables y extraños: en un tenebroso cementerio, Don Juan, Doña Inés, Luis Mejía, Ciutti, Brígida, el Comendador y el resto del reparto, eran abducidos por unos extraños personajes, para el desconocidos, que tenían en común unas deformes cabezas con forma de calabazas, de las cuales salían unas extrañas luces que hacían aún  más tétrica la negrura de la noche.

Lo que no lograba entender, es como mientras ellos desaparecían inexorablemente, la gente alrededor bailaba, reía y disfrutaba con tan extraños personajes.



domingo, 29 de octubre de 2023

VIEJOS BUZONES


 

No puedo resistirme a repetir esta entrada que ya publiqué hace más de 10 años. Los miro cada mañana y solo encuentro la propaganda de alguien que solo quiere volver a tapizar mis sillones.

 

A los buzones se les ha helado la sonrisa. En el muro, como nichos perfectamente alineados, enseñan su esquela, rodeada de herrumbre y polvo y algunos muestran la negrura de su fondo, como si hubiesen sido profanados.

Los buzones están tristes. A su interior no llegan ya ni sonrisas ni esperanzas y entre el moho que pone cerco a sus rincones, se dibuja el tedio de esta nueva vida plena de ausencias y fracasos.

Las viejas palabras alineadas escritas con letra temblorosa, han cogido otro medio de transporte y ya no se posan, blancas y generosas, en estos cofres con tesoros que esperan ser descubiertos.

Ya no llegan hasta ellos, esas cartas que la madre recogía temblorosa y después de besarla, la apretujaba sobre su pecho, para darle calor a las titubeantes palabras del hijo que dudan entre, la cruda realidad de sinsabores por la patria y el dolor que la verdad puede causar en la familia.

Sus entrañas no le dan calor a esa carta con cuidada letra, en la que se habla del pudoroso pero desbocado amor, de una joven que termina por perfumar su firma con un beso rosa estampado y con una lluvia de círculos y cruces que tras su colorista candidez, esconden un rosario de ansias y deseos.

 

Ni siquiera el gozo de esa tarjeta postal que habla de tierras lejanas, cuando ya el viaje ha terminado y que al recibirla, les hace rememorar recuerdos a los remitentes y ya no emociona a los destinatarios.

O el milagro, pocas veces repetido, de ese giro postal, que es como una lotería que te toca, sin saber siquiera que has jugado.

El viejo buzón desvencijado ha dejado de ser el cajetín de los deseos, y no es tampoco el cofre que guarda sobresaltos.

Ahora permite en su hueca y triste nostalgia, en su abierta encarnadura, que dentro se aposenten interesadas octavillas que hablan la compra de ese oro que ya tan pocos tienen por estas latitudes.

Dentro se amontonan cartas resabiadas con ostentosos membretes que acucian al ahorro bien remunerado, escondiendo entre su prosa las obscenas ganancias del que firma.

Y cada vez, con más repetida frecuencia, sobres de distintos colores y con distintos anagramas, que hablan de programas electorales con olor a naftalina, solo pensados para el voto y la urna, escritos con palabras tan rimbombantes como mentirosas.

Palabras y promesas que después quedan tan obsoletas como este buzón y su desangelado mutismo.

 Me producen tristeza estos buzones vacíos.  Aquellos que fueron albergue de sentidos secretos, son ahora desperdicios de los sueños.

Sería bueno que tiñéramos la soledad de estos buzones con un poco de poesía, que fuéramos capaces de descerrajar los candados de la tristeza, dándoles una vida nueva, como a Lázaros del silencio.

Escribid una carta, como aquellas de antaño. Hablad de proyectos, de viajes imaginarios, de amores posibles. Dirigirla a una madre, a una mujer que ama, al que persiste en sus sueños, al amigo de siempre, al que espera un milagro, al que se aferra al último clavo, a los que esperan la primera risa o están duchos en tristezas.

Escribid esa carta y ponerla en ese buzón triste, a ver si de esa manera, al menos, en ese vestíbulo donde la tristeza y la soledad habitan, empieza a resonar la vida.

 


jueves, 26 de octubre de 2023

ESTE OTOÑO QUE NO NACE.


 

Este otoño que no nace,

pero que engendra recuerdos

 que duelen en la memoria.

Se hace largo este viaje

que lleva de la alegría a la nostalgia,

soñando con un mar

repleto de sonrisas

y una playa que espera

que mi barca vieja,

descanse en sus arenas.

La noche le da vida a los silencios

y a falta de jilgueros,

solo cantan las estrellas.

La nostalgia, mirándose en la luna,

enciende los luceros,

para alumbrar esta noche

oscura de relojes y ahíta de calendarios.