Hoy
vengo aquí a desbocarme
a
pesar de lo que me cuesta el grito y el latido.
Y
lo hago por ti,
hermana
de la luz y el sentimiento.
Lo
hago por ti,
porque
también estoy harto
de
tanto trasnochado mandamiento.
Vengo
a prestarte mi voz dolida,
para
unirla a tu grito desgarrado
y
en alas del aire,
trasmitir
tu mensaje de vida y esperanza.
Esfuerzo,
también, mi voz junto a la tuya,
para
que se oiga en las cavernas,
donde
habitan las estirpes
de
los neandertales de siempre.
Y
en esa oscuridad de piedra y moho,
donde
no existen las sonrisas
y
la libertad está prohibida, sobre todo,
para
aquella que nació, de los retales del hombre.
Eso
al menos dicen,
esas
famosas escrituras
que
durante tanto tiempo os tienen adormecidas.
Vengo
a unirme a ti,
para
llenar de gritos las aceras,
hasta
que nos oigan las estatuas
y
palidezcan los semáforos.
Para
que nadie os robe
esa
libertad que es solo vuestra,
sin
necesidad de firmas ni autorizaciones.
Para
que salgáis de ese silencio interesado
en
el que quieren enterraros,
los
que presumen de amos y señores.
Para
que pintéis de sonrisas esa libertad que a ellos,
tanto
les cuesta concederte.
Hoy vengo a desbocarme
y
a sumarme a vuestro grito,
porque
yo si tengo la certeza,
de
que algún día, gracias a vosotras,
todo
estará en orden
y
en los senderos de la vida,
la
luz será visible y habrá menos fracasos.










